Escenificación del mundo de Cervantes, en la plaza de San Roque de la ciudad de Guanajuato. III Armando de Maria y Campos |
Otro de los aciertos de la escenificación del mundo de Cervantes -trasladando sus personajes de las escenas de los entremeses, sacándolos de las páginas de Don Quijote y de las novelas ejemplares, para llevarlos a la plaza de San Roque de Guanajuato-, radica en el celoso cuidado del más fino matiz. La acción que parecía improvisada obedeció siempre a un ritmo acordado. El maestro y profesor Ruelas logró instalar un red telefónica para comunicarse con sus diversos traspuntes -no hay por qué llamarlos asistentes de director, como en el cine, ni ayudantes, porque sus funciones tienen un nombre definido desde hace siglos-, instalados en los recovecos de los callejones, "laterales" durante la representación. Al conjuro de la voz que parecía descender de las nubes, y que yo localicé en la azotea de la casa que sirvió de mansión a los casados de Los habladores, iban tomando cuerpo y acción los diversos personajes característicos y ya clásicos del mundo de Cervantes. La acción de los tres entremeses venía a ser algo obligado, natural, una vez que en la plaza estaban ya, con vida propia y lógicos, los personajes que había a su vez sacado de la vida aquel no frustrado excelso escritor de teatro precursor que fue además -además de autor del Quijote-, el sin par manco sano y cautivo libre de Argel. Tres moriscas me enamoran Cruza la plaza la gañanada manchega, y se pierde en el misterio rumoroso de los callejones, mientras que del fondo de otro callejón se levanta, como el perfume al abrirse una corola al amanecer, una cancioncilla que precede al Caballero Enamorado, que siempre escoltado por el escudero fiel, va en busca de su dama -esta vez está a la vera del callejón del Ramillete, a la sombra del árbol auténticamente centenario: |
Si mi madre fuera mora Un alboroto de risas, gritos y el eco de crótalos precede a la aparición de la Gitanilla... Preciosa, la del pandero, ya tiene rueda de jaleadores: Gitanica, que de hermosa le dice uno, y parece que Cervantes pensó en la plata que guardan en su vientre todas las piedras de Guanajuato. A lo que don Quijote -como en el texto inmortal- parece que corea: ¡De cien mil modos hechizas: El propio Cervantes asegura "que se vieron en los teatros de Madrid representar algunas de sus comedias", pero de la representación de los entremeses no dejó señal ni datos. Y en alguna ocasión confesó: "no ser tan malos, que no mereciesen salir de las tinieblas del ingenio del autor". No se representaron en vida de Cervantes estas piecesillas, moldes de fundir comedias, que ahora ya sabemos son ejemplares. |
Pablo Castro; jefe de producción, Benjamín Smith; narrador, Luis Rius; asesor artístico, Manuel Leal; coordinadora general, Josefina Z.V. de Romero C.; iluminación, Enrique Romero Zozaya y José Gutiérrez; sonido, Alfredo Malo y Alfredo Becerril; vestuario, Rosa U. de Trueba, Rebeca Gómez, Lucila Carmona, Virginia Smith y Aurora Ramírez; maquillaje, María Luisa Zozaya, Aurora G. de Olivares, Josefina R. de Castro y Evelyn Morril; utilería, Celia García Laborde, María Eugenia Olivares, Lilia Paul, Antonio Sánchez R. y José Domínguez Padró; traspuntes -uno en cada callejón-, Josefina de Romero, Amalia V. de Ferro, Lucila Carmona, Rebeca Gómez, Blanca Malo, Clemencia Téllez. Y la mejor colaboración: ¡los vecinos de la plaza de San Roque! |