El portal de Belén, pastorela mexicana contemporánea de Enrique Alonso Armando de Maria y Campos |
El joven actor, autor y director, Enrique Alonso, que ha creado el Teatro del Pequeño Mundo, presentó a fines del año pasado, durante la temporada navideña, primero en el teatro del Instituto Anglomexicano de Relaciones Culturales y después en el del Caballito, una pastorela mexicana para niños El portal de Belén, en dos actos divididos en 9 cuadros, con cantos navideños, villancicos y versos de las "posadas", que le permiten realizar una reconstrucción de la llegada del señor san José y la virgen María a un mesón mexicano, en solicitud de "posada" y reconstruir la forma nuestra de permitir la entrada a los peregrinos con las clásicas, ingenuas cuartetas: ¿Eres tú José? El título de los cuadros revela desde luego el curso de la representación: "La historia del abuelo", "Los pastores de Belén", "Conciliábulo infernal", "El mal contra el bien", "La posada", "¿Qué hacemos Luzbel?", "La estrella ha brillado", "A Belén pastores" y "El portal de Belén". |
El cuadro "Los pastores de Belén", ocurre en cualquier pueblo mexicano. Se aparece el ángel y le revela a los campesinos el milagro inmediato. Ingenuos noviazgos entre aldeanos; madres alborotadoras, pero buenas y sencillas; el viejo patriarca que defiende la tradición del pueblo y guía a los jóvenes. El tercer cuadro reproduce el Conciliábulo indispensable en toda pastorela. Luzbel está preocupado con el próximo nacimiento del hijo de Dios, y llama a sus diablos para tomar pronta determinación. A Pingo, que es un juditas de cartón rojo con sus cuetes y chinampinas, grandes cuernos y rabo puntiagudo, le da la comisión de ir a desavenir al pueblo mexicano que ha recibido la visita del ángel, e impedir que en ningún mesón se dé posada a José y a María. Se traza un plan, naturalmente diabólico, y Pingo baja a la tierra. "El triunfo del mal" se titula el cuadro siguiente, y en él Pingo casi logra su propósito de hacer que todo el pueblo se odie entre sí. Los novios se disgustan; las madres, verdaderas comadres, se pelean; ellos están a punto de moquetearse; las viejas se tiran de los cabellos; y se previene en todos los mesones que, si llegan unos peregrinos, él un viejito, ella una india joven y mustia, se les arroje sin remedio, porque son ladrones. En nombre del cielo El talento y el buen gusto de Alonso lograron crear una escena de atmósfera sencilla, fiel y respetuosa. La Virgen, interpretada por Alicia Montoya, cantaba en el silencio religioso de un público profundamente conmovido: Posada te pide Los campesinos mexicanos conceden, intuitivos y alborozados, el solicitado hospedaje: Entren santos peregrinos;
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Y en seguida: Anda Pascuala, no te dilates, El autor lleva a su confiado y entretenido auditorio al reino de las tinieblas, y ahí se conoce el fracaso de Pingo. Arriba, en el siguiente cuadro, las estrella de Belén se ilumina. Los pastores mexicanos ya no dudan, la siguen, y encuentran el humilde pesebre con el lucero del niño Dios calentado por el vaho de mansos animales: A Belén pastores, vamos a Belén Se reproduce el portal de Belén, con respeto y sencillez cantan y bailan los campesinos mexicanos: Toronjil de plata, La pastorela se ha realizado. Una más, y de las mejores. Falta para terminar, que el relato del abuelo concluya. Se hace oscuro: Y colorín colorado, Presentación rica, casi fastuosa. Escenografía muy propia de Carlos Alonso y excelente interpretación de Enrique Alonso, Alicia Montoya, José Antonio Salazar, Ángel Casarín, Concha Camargo, Tere Andreu, Leonardo Quirós y, en general, de todos los jóvenes que integraron el largo reparto. |