Estreno de Secreto de juventud, del norteamericano Samson Raphaelson en el teatro del Caballito Armando de Maria y Campos |
Una entretenida y muy agradable comedia norteamericana se viene representando -desde el 19 del actual en el teatro del Caballito. Accent on youth se llama en inglés esta pieza que el veterano periodista Marco Antonio Galindo puso por título Secreto de juventud. Estrenó primero en algún teatro de Verano, a mediados de la década de los treinta probablemente; Accent on youth pasó después, con éxito también a alguno de los [de] Broadway, habrá sido representada en otro de la Unión. Bien pronto el nombre de Samson Raphaelson fue popular en los Estados Unidos, por esta y otras obras suyas -la última es, creo, Hilda Crane producida por Arthur Schwartz en el Coronet Theatre, de Nueva York, estrenada el 1 de noviembre de 1950- pero es casi desconocido en México. Ahora, después de conocer su Secreto de juventud, podría ser uno de los favoritos de nuestro público, y si no llegara a serlo, siempre se le recordará por esta deliciosa comedia, que seguirá como la sombra al cuerpo al actor mexicano Carlos López Moctezuma, porque ha hecho una verdadera creación del personaje central, Esteban Gaye, un dramaturgo con canas, que vendrá a ser, en la historia teatral mexicana de estos últimos diez años por lo menos, para este gran comediante, lo que hace tres años fue la protagonista de Teatro de Somerset Maugham para la polifacética y talentosa Blanca de Castejón. |
La obra de Raphaelson es divertidísima, muy agradable, entretenida. Reproduce pasajes de la vida íntima de un dramaturgo cincuentón, que todo lo ve en autor, y que hasta en los momentos absolutamente privados de algún conflicto amoroso, se desdobla, para ser autor antes que enamorado, creador antes que protagonista, y hacer una escena, un acto o una obra, de un triunfo o de un fracaso sentimental. Actúa, en su vida y en la escena en que representa, rodeado de actores: la actriz temperamental, la característica ampulosa, el galán guapo y poco artista, el actor de carácter vanidoso y cascarrabias; un criado -magnífico tipo, que supo sostener con mucha dignidad el joven actor Miguel Suárez- y una secretaria, ¡ay! la necesaria secretaria que se enamora del autor y jefe, sin que él lo sepa, por supuesto, y que se convierte en la primera actriz de la obra ensayo, en su amante; que se casa, que se divorcia, y que vuelve a él para plantar sus rosas de juventud sobre el césped marchito del cincuentón inquieto. El tema no es nuevo, pero está presentado con mucha frescura y tratado con habilidad y gracia. A lo largo de sus cuatro actos, se hace reiterativo. Muchas escenas parecen sobrar, incluso todo el cuarto acto, que el autor pudo haberlo suprimido, aludiendo a lo que en él sucede en una o varias escenas del acto tercero. Muy elogiable resulta por esto la actitud del traductor, Marco Aurelio Galindo, que respetó el texto de la pieza, y supo ponerlo en español fácil y fluido. |
Parece que ha vivido largos años retirada de la escena, viviendo en México, lo que la ha dotado de un español firme y musical, de gracioso acento. Se mostró muy segura y, como supo dotar a su personaje de la frivolidad y picardía que le son indispensables, bien pronto se ganó la simpatía de todos. La señora Cronwell es actriz muy estimable. |