Estreno de El duelo de Federico S. Inclán, obra laureada en el Palacio de las Bellas Artes Armando de Maria y Campos |
El Instituto Nacional de la Juventud Mexicana al convocar a un concurso de obras de teatro estableció terminantemente las finalidades de la obra que debía merecer el máximo premio, y, en general, las diversas recompensas. Estas eran: ser adecuada a la juventud, plantear un problema educativo y ofrecer una solución constructiva. Cincuenta y cinco obras llegaron al concurso, y resultó premiada con el primer laurel y cheque la pieza El duelo, que después de algunas peripecias para desvanecer el pseudómino, resultó ser del señor don Federico S. Inclán, que antes había alcanzado otros dos primeros premios, con sus obras Luces de carburo y Espaldas mojadas cruzan el Bravo, que alcanzaron los primeros laureles en los dos últimos recientes concursos de grupos experimentales de las Fiestas de Primavera organizadas por el Departamento Central del Distrito Federal. Luces de Carburo, despúes de haber sido representada una sola noche en el teatro Arbeu, durante el concurso aludido, lo fue, en condiciones nada favorables, en el Palacio de las Bellas Artes, y puede decirse que permanece inédita para el gran público de la ciudad de México. Espaldas mojadas cruzan el Bravo se representó únicamente la noche que mereció el premio en el teatro Álvaro Obregón del mercado popular Abelardo L. Rodríguez, y, luego pasó en breve temporada al anfiteatro Bolívar de la Escuela Nacional Preparatoria. Esta obra sí fue conocida por un estimable sector del público metropolitano. |
La obra carece de personajes femeninos -como tantas películas norteamericanas que reflejan la vida interior de los colegios para varones- y tengo para mí, que lo mismo que las dos anteriores de Inclán está pensada para llevarse también al cine. Tiene mucho de cinematográfico la pieza de Inclán, que se volvió muy teatral bajo la dirección de Salvador Novo, quien, cuando coge bajo su responsabilidad la dirección de una obra se entrega a ella totalmente, desaparece para él todo el mundo restante, y tanto la estudia, le busca efectos, la visualiza, corrige, enmienda, le corta o agrega, que acaba por ser otra completamente distinta -conservando, claro, lo esencial- o diferente. Esto ha hecho Novo con Carballido y Magaña, con Eduardo de Gorostiza o Manuel Acuña. Es probable que lo mismo haya ocurrido con Inclán. (Resultará interesante ver, en otro teatro que no cuente con los recursos del Bellas Artes, Rosalba, o Los signos o El duelo.) |
joven Sergio de Bustamante, y, para debut en papel importante, no desentonó. También apuntó excelentes cualidades el joven Hernán de Sandozequi, Jorge Martínez de Hoyos y Armando Luján completaron el conjunto de los mejores intérpretes. La intervención de grupos de cadetes, bandas y esgrimistas con alumnos del INBA y del INJM, le dan a la representación un sello inconfundible de gran espectáculo... estudiantil. Nota Benne.- El autor y publicista -más publicista que autor- don Rafael Bernal, que hace una gacetilla en forma de columna en este diario se refiere en la de ayer firmando Platívolo, a una crónica mía sobre teleteatro, buscando agria polémica. Merece una contestación, pero no usaré de estas columnas para dirimir "un duelo" que afectaría intereses de esta misma casa de prensa, radio y televisión, que a los dos nos concede hospedaje. Ya nos veremos en otro sitio, y a su hora. |