Estreno en la sala Molière de Les nouveaux messieurs, por Los Comediantes de Francia Armando de Maria y Campos |
Tuve una vez el capricho de buscar lo que se escribía sobre la crisis del teatro en la épocas en que ahora envidiamos, y puedo asegurar que hay materia suficiente para emplear durante seis meses los ocios de un cesante. Las obras verdaderamente originales se adelantan a su tiempo y, como el teatro se dirige al mayor número, cada vez que no toca un asunto de actualidad palpitante y se eleva por encima de las preocupaciones inmediatas, corre el riesgo de no ser comprendido más que por una "élite". |
El mismo año se representaban aquí las obras que triunfaban allá. Tres o cuatro traductores profesionales esperaban la llegada de La Petite Illustration, para poner en castellano la obra en turno y correr, volados, a ofrecerla a Virginia Fábregas, a Julio Taboada, a Mercedes Navarro, a Andrés Chávez, para no citar sino a aquellas figuras que no desdeñaban hacer cada vez que podían teatro francés, tan favorecido siempre en nuestro medio. Después, las hermanas Blanch se apoderaron del teatro Ideal, y se perdió ese coliseo para el teatro francés. María Tereza Montoya y Fernando Soler siguieron la tradición durante muchos años. Luego vino "lo del cine"... De Flers y de Caillavet, formaron una pareja de autores que se completaba admirablemente -fueron lo que en su tiempo Halévy y Meilhac-, para escribir un género de teatro que participaba del vodevil y de la alegre comedia costumbrista. La primera obra de De Flers y de De Caillavet que vimos fue L'amour veille, después, Le bois sacré, amable sátira del feminismo en embrión entonces; en seguida Los senderos de la virtud, que alcanzó en el antiguo teatro Renacimiento la para entonces fabulosa suma de veinticinco representaciones; El rey, sátira contra los advenedizos; El frac verde en la que se hace burla donosa de la Casa de Richelieu, que le valió, sin embargo, a de De Flers -yerno por cierto de Dumán-, que la academia lo recibiera con bicornio, frac verde y espadín, bajo la Cúpula de los inmortales. De todas las obras que he visto y recuerdo de De Flers y de De Caillavet -El ángel del hogar, El corazón tiene sus razones, El asno de Buridan (qué bien que estaba Julio Taboada), El abanico, Miquette y su madre, La oportunidad del marido-, están fijas en mi memoria una deliciosa interpretación de Primorose por Mercedes Navarro, y varias de La bella aventura, en la que doña Virginia Fábregas recorrió todos los papeles femeninos, según iba superando las etapas de la vida, desde la nieta hasta la abuela. En 1947 todavía la representó en el Ideal... |
y Los nuevos señores -Les nouveaux messieurs- risueño azote de los advenedizos en todo, en el arte, en la política, en la sociedad, hasta en la burguesía. Aquí se trata de un dirigente sindical electricista que llega a ministro del Trabajo -rara coincidencia con la vida de nuestro líder electricista y ministro de Industria y Trabajo don Luis N. Morones, y más porque coincide en fechas-, y como no puede haber "arribismo" sin mujer, hay de por medio una, a la que también desea un aristócrata y senador de la República. Pero los argumentos de De Flers no se pueden, ni se deben, referir en tres líneas... |