El color de nuestra piel, nueva comedia dramática de Celestino Gorostiza Armando de Maria y Campos |
Todos estamos de acuerdo: la nueva comedia -dramática- de Celestino Gorostiza, El color de nuestra piel, recientemente estrenada por la compañía titular de la Unión Nacional de Autores en el teatro Colón, es una excelente pieza, la mejor, para muchos de cuantas hasta ahora ha llevado a escena en ésta su segunda temporada de teatro de autores mexicanos la Unión que agrupa a éstos; para otros, y no pocos, la de más calidad de cuantas han salido de la pluma de este sereno, maduro, inteligente escritor. No creo que sea tiempo de balancear los resultados de la actual temporada de la Unión Nacional de Autores, y, así, resulta aventurado, o deprimente para otros autores, asegurar que la comedia de Gorostiza es superior a las de Usigli, Basurto o Solana, excelentes las tres y de un corte distinto a la que sí creo sea la mejor comedia conocida de Celestino Gorostiza. |
La idea central de la nueva pieza de Gorostiza se expresa en el título: el color de nuestra piel. ¿El mestizo? Sí, el mestizo sigue siendo para muchos un grave problema de étnica, Gorostiza pudo hacer de su pieza, una tesis. Se limitó, con muy buen gusto, a exponer simplemente ángulos del repetido conflicto en el seno de algunos hogares mexicanos, particularmente de los de las nuevas aristocracias. La intriga familiar sin embargo, es mucho más interesante que el abandonado tema de la pigmentación cutánea. Un padre con dos hijos morenos y uno rubio, éste probablemente ni siquiera suyo, además de otro habido con una sirvienta en su soltería. El hijo rubio, que habrá de poner a la familia en tremendos conflictos y acabará suicidándose, puede ser el fruto de un amor adulterino y su padre, el gerente de la fábrica que lleva a la ruina al que pasa por autor de sus días. Este padre, rico, ya aristocratizado, ni sabe dirigir su casa, ni educar a sus hijos. Ella, la hija, a punto de casarse, hace su capricho, y acaba uniéndose con un ingeniero "prietito" que trabaja en la fábrica de su padre, y a quien un momento el autor de este melodramático asunto -¿recordáis Felipe Derblay?- nos llevó a pensar que fuera "el hijo de la criada"; el otro hijo, también moreno, le gasta al padre una fortuna con el cuento, arrancado de alguna realidad que Gorostiza habrá verificado, de jugar a ser productor de cine. Cruza por la escena la sombra trágica de una madre morena, que desde las primeras escenas nos anuncia una vida dramática, que al fin no sabemos cómo fue, pero que prepara convenientemente las escenas postreras de la comedia que termina en drama... |
La decoración de Julio Prieto, de tipo realista, construida en dos planos, luciría más con menos muebles y trastos, con los que seguramente se quiso acentuar el mal gusto de tantos nuevos ricos que acumulan en sus salones cuanto han visto distribuido en distintas casas. |