En el tricentenario de sor Juana. Representación de Los empeños de una casa en la sala de Bellas Artes. IV Armando de Maria y Campos |
Creo que Los empeños de una casa se representó este año -tricentenario del que se ha fijado como más probable del nacimiento de sor Juana- simultáneamente en México y en Washington, bajo la dirección, respectivamente de Salvador Novo y Ermilo Abreu Gómez. La representación norteamericana se habrá efectuado, según los pronósticos, el 12 de noviembre, en el teatro de la Universidad de Georgetown, de Washington, y en castellano, naturalmente. Antes de estas dos representaciones, hubo otras dos, la ya citada, en el Conservatorio de Música Mexicano, y otra en el salón de actos del Instituto Pedagógico Angloespañol de esta ciudad, por las alumnas del tercer año de secundaria, Meche González Blanco, Carolina Ortiz, Marta Quijano, Teresita Armida, etc. |
merecen ser recordados en esta crónica: Virginia Gutiérrez, Carmen Escorcia, Ignacio López, José Neri Ornelas, Mario García González, Carlos Nieto y Juan Salido. La acción estuvo ilustrada, cuando lo pidió el texto, con música especial de Carlos Jiménez Mabarack. La escenografía, lo poco que de ello hubo, fue ideada por Antonio López Mancera, de acuerdo con sugestiones de Novo, y cumplió su propósito. Al final de la representación los actores recibieron el homenaje del público rodeando un sobrio retrato de la Décima Musa, el de Cabrera, cuyos "ojos grandes, y no poco oblicuos de su ascendencia criolla, de que tan orgullosa se mostraba", parecían buscar entre el público a la "Excelsa María" y al "Invicto Cerda", sus virreyes, para quienes había compuesto la dichosa comedia; "la boca, suavemente dibujada y llena de pasión; la barbilla, redonda e imperiosa", miraba de lejos y no se sabría si sobre sus pupilas o sobre sus labios erraba inquieta y tan sutil como el viento una mariposa de ironía... Fortuna.- Al final de la segunda jornada se cantó una letrilla en honor de la virreina: "Bellísima María, a cuyo sol radiante", etc., y se representó el sainete primero llamado "de Palacio", en el que intervienen el Alcalde del Terrero, el Amor, el Respeto, el Obsequio, la Fineza, la Esperanza. Vino enseguida la representación de la jornada segunda, y entre ésta y la tercera, otra letrilla que empieza: "Tierno pimpollo hermoso" y el sainete segundo, de actualidad entonces, en el que intervienen como personajes los cómicos contemporáneos de sor Juana, Muñiz y Arias, quienes comentan las derrotas de un comediógrafo -Francisco de Acevedo- que acababa de fracasar con alguna de sus obras; el propio Acevedo, que aparece, protesta de la silva de que fue objeto:
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Gachupines parecen Lo mismo en la comedia, que en los sainetes, se acusa lo finamente aguzado del ingenio de la jerónima y la valentía de su concepto, y, como apunta muy bien Matilde Muñoz, "a través de estas escenas y de estos acentos puede columbrarse todo el brillo de la corte de los virreyes tal como ella la conoció, y en algunas escenas casi se adivina el estallido jubiloso de la carcajada y del aplauso y el rumoreo de los cortesanos, complacidos ante aquella nueva muestra de los talentos de su favorita". |