A propósito de la representación de Los empeños de una casa, de sor Juana, en la sala de Bellas Artes. II Armando de Maria y Campos |
Si aún se ignora cuándo vería representar teatro por primera vez la niña Juana de Asbaje y Ramírez de Santillana -sor Juana Inés de la Cruz, "en el claustro y la gloria estética"-, se sabe de cierto a qué edad poco más o menos escribió su primera composición representable, es decir, de teatro. El P. Diego Calleja, S.J., en Aprobación a la fama y obras póstumas (1700), revela: "No llegaba a los ocho años cuando, porque le ofrecieron por premio un libro..., compuso para una fiesta del Santísimo Sacramento, una Loa, con todas las cualidades que requiere un cabal poema; testigo es el M.R.P. fray Francisco Muñoz, dominicano, vicario entonces de Amecameca..." Lo cual viene a revelarnos que a edad aún más temprana que Lope, que escribió su primera pieza de teatro entre los doce y los trece años, sor Juana lo hizo en México. |
Al citar el auto sacramental El divino Narciso recuerdo su representación en el teatro Olimpia -antes de que fuera cine, claro está- durante el congreso eucarístico celebrado en México en 1924, suspendido escandalosamente por el presidente de la República, general Álvaro Obregón, cuando llegaba a su feliz término. Recuerdo que estaba reunido el congreso en el regio salón de actos del Casino Español de la ciudad de México, cuando alguien llevó la noticia de que el Manco de Sonora había dado esa misma tarde la orden de clausura inmediata, lo que armó extraordinario revuelo entre arzobispos y obispos, y público en general. Esa noche debía celebrarse la representación del auto El divino Narciso, por damas y jóvenes católicos, y se temió que la orden de clausura del congreso, con salida inmediata del país de los altos dignatarios de la Iglesia que a él concurrían, llegara tan rápida que impidiera la representación. No fue así, afortunadamente, y por la noche, se celebró la representación, que fue dirigida por el escritor y autor de teatro don Julio Jiménez Rueda. Se representó el auto de sor Juana en un ambiente devoto y expectante, por lo que pudiera ocurrir al día siguiente. Todo esto le restó importancia a tan singular representación, y casi nadie escribió sobre ésta. En las páginas de El Día Español, diario de la colonia para el que escribí las informaciones del congreso, publiqué una nota, recordando que este auto de sor Juana había sido compuesto a instancia de la excelentísima señora condesa de Paredes, marquesa de la Laguna, virreina de la Nueva España, para llevarlo a la Corte de Madrid y representarlo en ella, y que había sido impreso por primera vez en el año de 1690. |
una casa y de un auto sacramental El divino Narciso, obra de las mejores dentro del género español". Enseguida, Jiménez Rueda recuerda la fábula griega de Narciso "que sirve a sor Juana de canevá para su auto", y a continuación refiere el argumento de la pieza sacramental de la Décima Musa. "La fábula antigua -dice- adquiere nueva vida, expresión y belleza inusitada. El símbolo es perfecto en la obra de sor Juana. Soplos del Cantar de los Cantares llenan de fragancia algunos pasajes de El divino Narciso. La musicalidad del verso, el vigor de la imagen son prendas seguras de excelencia en la obra de la madre Jerónima". Julio Jiménez Rueda concluye considerando que "es indudable que sor Juana debe haber leído con provecho la linda comedia de don Pedro Calderón de la Barca titulada Eco y Narciso, impresa muchos años antes". |