Resaltar búsqueda

Don Juan Tenorio en la política mexicana. Cuando eran candidatos a la presidencia de la república don Francisco

I. Madero y el general don Bernardo Reyes. Una parodia del acto Libertinaje y escándalo

Armando de Maria y Campos

     Son innumerables las parodias de Don Juan Tenorio, y entre éstas abundan las de carácter político. La primera de todas y que marcó la pauta de las que se hicieron después y se seguirán haciendo, es la que escribieron los periodistas españoles Mario Victoria y Santiago Suárez -"Chamaco"- Longoria, en 1911, durante la campaña presidencial que llevó a la primera magistratura al apóstol Madero. La parodia no llegó a imprimirse, porque los acontecimientos se precipitaron y Madero alcanzó el poder por votación arrolladora, única en la historia política de México.
     Tomo del libreto inédito que poseo una de las más ingeniosas y divertidas escenas, la XII, en la que don Juan -Madero- y don Luis -Reyes- relatan sus hazañas en la Hostería del Laurel de Cristófano Buttarelli ante don Gonzalo, don Diego, Avellaneda, Centellas y los amigos de ambos, enmascarados, curiosos, etcétera.
     No será posible seguir toda la escena. Iniciémosla, pues, cuando tanto don Juan -Madero- como don Luis -Reyes- se han identificado, y se disponen a narrar las aventuras que decidirán la apuesta conocida:

     Reyes.- ¿Estamos listos?
     Madero.- Estamos
     Reyes.- Como quien somos, cumplimos.
     Veamos, pues, lo que hicimos.
     Madero.- Bebamos antes. Bebamos.
     (Beben... "Parras")
     Madero.- La apuesta fue...
     Reyes.- Porque un día
     dije yo que en la frontera
     no habría nadie que hiciera
     lo que un servidor haría.
     Madero.- Y yo, como buen ranchero,
     diferí en el parecer,
     y os dije: Nadie ha de hacer
     lo que hará Pancho Madero.
     ¿No es así?
     Reyes.- ¡Justo!
     Madero.- Hablad, pues
     Reyes.- No, vos debéis empezar.
     Madero.- Como gustéis, igual es,
     que nunca me hago esperar.
     Pues señor... me dije: aquí
     no es vida la que yo llevo
     y cambiarla resolví,
     con tal motivo emprendí
     la lucha en "México Nuevo".
     Después una Convención
     vio en mi al hombre de sus miras
     y hube de hacer varias giras
     que a poco dan la ocasión
     de que a mí me hiciesen tiras.
     En Puebla a mi apuesta fiel
     fijé ese hermoso letrero,
     (que es lo mismo que un cartel)
     "Aquí está Pancho Madero
     y debéis votar por él".
     De aquellos días la historia
     no es oportuno que toque;
     remítome a la memoria
     que dejó allí mi oratoria
     y la de mi amigo Roque.
    

     Mis vehemencias claridosas,
     las gentes siempre chismosas
     y el soplo de un don Cualquiera,
     hicieron que yo me viera
     en las prisiones odiosas.
     Salí de San Luis, por fin,
     como os podéis figurar,
     en lomos de un mal rocín,
     pues me podían fusilar.
     Fuíme a tierra americana,
     conseguí armas y dinero,
     y en una hermosa mañana
     dije: Ya volvió Madero
     porque le dio la real gana.
     Tuve suerte colosal,
     puesto que apenas volví,
     me encontré con un Pascual
     valiente como un chacal
     que lo hizo todo por mí.
     A esto Pancho se arrojó,
     y escrito en este papel
     está cuanto consiguió,
     y lo que él aquí escribió
     mantenido está por él.
     (Rumor de voces, etc.)

     Como en el Tenorio de Zorrilla, don Juan -Madero-, se niega a leer la lista de sus hazañas hasta que don Luis -Reyes- no diga lo que hizo, y todos conformes, don Luis -Reyes-, larga su conocido relato:

     Reyes.- Buscando yo, como vos,
     para mi acción grande esfera,
     dije: ¿Do iré ¡vive Dios!
     de mis anhelos en pos
     sino a la rica frontera?
     y funcioné en Nuevo León
     de Gobernador non grato,
     hasta que el viejo Barrón
     creyó que era la ocasión
     de ser vicecandidato.
     Dejé que me postulara
     todo aquel que lo intentó;
     mas como se me obligara
     al fin a sacar la cara,
     tuve que decir que ¡no!
     La negativa que di
     un paso fue inoportuno,
     y de resultas perdí
     los adeptos que adquirí
     poco a poco, uno por uno.
     En tan total carestía
     de amigos (hasta en la tropa)
     lo que me dolió, ¡a fe mía!,
     creí que me convenía
     irme a pasear a Europa.
     Y con una comisión
     que me servía de... "capa",
     fuíme de una a otra nación
     y tuve allí la ocasión
     de hablar hasta con el Papa.
     Por dondequiera que fui
     admiraron mi tupé,
     pistola, sable inventé,
     y a todo el mundo embarqué
     y del barco me salí.
     Mi causa estaba perdida;
    

     mas he tenido paciencia
     y a ser feliz me convida
     mi boda comprometida
     con la bella Presidencia.
     A esto Reyes se arrojó,
     y, escrito en este papel
     está lo que consiguió,
     y lo que él aquí escribió
     mantenido está por él.

     Tanto don Juan -Madero- como don Luis -Reyes- muestran a sus amigos y curiosos sus listas de hazañas. Gana, claro, don Juan -Madero-, quien nervioso y altanero, se encara con don Luis -Reyes- y...

     -Gané, mas aún debo hablaros;
     perdonaréis mi imprudencia,
     porque pues vais a casaros
     mañana, pienso quitaros
     a la bella Presidencia.

     Reyes.- ¿Decís que vais a intentar?
     Madero.- Eso, lo que oído habéis...
     Reyes.- Ved, Pancho, lo que emprendéis,
     Madero.- Lo que al fin he de lograr.
     Reyes.- ¡Fito!
     Fito-Gastón.- ¡papá!
     Reyes.- Ven acá.
     Madero.- ¡Vázquez!
     Vázquez Gómez-Ciutti.- Señor...
     Madero.- Ven aquí.
     Reyes.- ¿Estáis en lo dicho?...
     Madero.- ¡Sí!
     Reyes.- Pues va la vida...
     Madero.- Pues va...

     La parodia El Tenorio político continúa ingeniosa, simple e inocente, alarde de gracia sin veneno, pero no sigue la acción del conocido drama de Zorrilla, sino aquellos pasajes que más se prestan a la parodia, como el de la carta de don Juan que doña Inés -Presidencia- recibe en su celda del Convento de las Calatravas, en el Castillo de Chapultepec, que comentaré en próxima crónica.