Un retazo de la Electra de O'Neill, por el grupo experimental Teatro Estudio de México Armando de Maria y Campos |
El Teatro Estudio de México, que dirige y animan, respectivamente, Víctor O. Moya y los esposos Antonio y Nadia Haro Oliva, se ha atrevido, valientemente, a representar una parte -la primera- de la trilogía de Eugenio O'Neill Mourning becomes Electra, tragedia de intensidad teatral, de fuerte realismo, colmada de asesinato, suicidio y sugerencias de incesto, una de las más interesantes concepciones teatrales de O'Neill, quien trabajó en ella escribiéndola y rescribiéndola cerca de tres años, y que al ser representada en Broadway en 1931, íntegra -trece actos que duran siete horas-, fue aclamada como obra excepcional de austera belleza. |
lógicamente, a las otras literaturas. Esquilo compuso con elementos esenciales de la mitológica leyenda su pieza Las Coéforas, que superó Sófocles con su Electra, ya profundamente original en la concepción de la tragedia de Electra, personaje secundario en Esquilo. Una sombría majestad da vida desde hace siglos a la pieza de Sófocles, cuyo valor excepcional reside en la concepción humana del personaje, dejando adivinar en su Electra las virtudes más excelsas de la mujer ya que el odio y excitación en que vive son propios tan sólo en su estado excepcional. Eurípides también trató el mismo tema, tomándolo de Esquilo y de Sófocles. No se conserva ninguna Electra latina, pus es sabido que se perdieron las de Quinto Cicerón -hermano del orador- y Attilio. En 1709 surge una Electra casi moderna, y ya no cesa de aparecer en la escena europea la trágica figura; éstas son las Electras más importantes: Longepierre (1719), Pradon (1767), Dubois de Rochefort (1782), Chenier, hermano del gran poeta lírico (1872); ese mismo año, Guillard estrenó una Electra, con música de Leymone. Este caso musical llevó a Halévy a componer, casi un siglo después, una ópera con el mismo asunto, sin éxito, precursora de la ópera Electra de Strauss, que ahora canta en Buenos Aires Christel Golz. Dumas, el padre, el caudaloso Dumas, compuso una tragedia, Orestes, cuyo segundo acto, llamado Electra, sigue a Sófocles y a Esquilo. Modernamente, el español Benito Pérez Galdós estrenó en 1901 un drama titulado Electra, que nada tiene que ver con las Electras clásicas, y, también en este siglo, el alemán Hugo de Hofmannsthal compuso una Electra con situaciones de Sófocles; traducida al catalán por Joaquín Peña, y de éste al castellano por Eduardo Marquina, la estrenó Margarita Xirgu en Madrid en 1914, quien la representó en México, en Chapultepec, al aire libre, en 1921. Unamuno compuso otra Electra, que se representó en el anfiteatro romano de Mérida, España, durante la República. Recientemente, el poeta gaditano Pemán ha estrenado en Madrid una Electra de concepción católica. O'Neill se basó en la trilogía La Orestiada de Esquilo, para componer su Electra, enlutada, modernizándola, situando la acción en un estado de la Nueva Inglaterra, durante la guerra de Secesión. Ya hemos visto con qué éxito al principio, rebajado conforme la obra resiente la acción el tiempo implacable y nivelador. ¿Qué oculta y generosa ambición llevó al grupo de Víctor Moya a interpretar obra tan difícil e ingrata? Indudablemente que Nadia de Haro Oliva no logra entrar en el trágico personaje, por su temperamento, desde luego, que por |
fino, frágil, frívolo y transparente es la antítesis del sombrío y profundo, dramático y hondo que precisa una actriz para encarnar el de Sófocles. Luego, su dicción -la joven actriz es de origen francés- reduce más sus posibilidades. Recuérdese que la trágica siciliana Mimí Aguglia dejó de serlo cuando actuó en castellano, porque el cambio de idioma embridó su excepcional, encabritado temperamento. No es propiamente un elogio, ni puede ser tampoco un juicio, afirmar que la señora de Haro Olvia estuvo fina, frágil, exquisita, en la sombría Cristina Mannón o'neilliana; pero es de justicia decirlo. |