La Adoración de los santos reyes en el teatro popular mexicano Armando de Maria y Campos |
El nuevo año no ha sido propicio a los espectáculos metropolitanos. Si es verdad que los teatros que cultivan el género revisteril lograron ver regularmente concurridas sus salas durante las funciones de último de año, también lo es que las anteriores y las posteriores a esa fecha tradicional no permitieron cubrir sus siempre elevados presupuestos. El Ideal cerró la misma noche de fin de año, para abrir una semana después, y el Arbeu, intervenido por la Federación Teatral, que así se autopaga y se autodebe, registró entradas nada más que medianas, lo que no ha sido óbice para que la propia Federación continúe por cuenta propia con el espectáculo del ilusionista Chang, responsabilizándose con todos los gastos, y las pérdidas, que origina este negocio. |
Cantan los tres Reyes de Arabia, Etiopía y la India: Gustosos marchemos a paso veloz Para dar lugar al segundo cuadro, "desaparece el astro -dice la acotación- y aparece Herodes sentado en medio de algunos escribas y sacerdotes. Si la representación es en una iglesia, se puede disponer de un lado o en un crucero". Los tres reyes informan a Herodes con circunloquios el nacimiento profético. Pananín, Zaqueo y Judá interrogan a Herodes. "Dejémonos de tonterías -aclara Herodes- lo que hoy interesa saber, es dónde debe nacer el Mesías que esperan". Todos le informan: en Belén. Herodes, "con voz hipócrita" -previene la acotación- declara que él, a su tiempo, también irá a adorar el recién nacido "en un insignificante pueblo de estos contornos". Se van todos, y se cambia el cuadro, o de lugar, según convenga, mientras todos cantan: Hermosa y fulgente Ya vienen de lejos, Tres magos que vienen Preciosos regalos, Presentes que eligen Ha aparecido el establo "arreglado de la mejor manera, encontrándose allí la Sagrada Familia, pastores y pastoras”. Gaspar habla: "¡Cielos, qué miro, un hombre y una mujer de aspecto muy peregrino postrados, y esos pastores están adorando a un niño!". Isaac les |
dice que es el mesías prometido. Los tres reyes le ofrecen, en verso por supuesto, sus regalos al Niño Dios. Gaspar, "primicias son de magnífico tesoro que allá en mis terruños tengo", Baltasar, "aunque Luzbel se muera de coraje", su humilde incienso, y Melchor, "pobre rey de un pueblo que se alza en la basura, y que es el símbolo en la humana ley, de trabajos, penas y amargura", le pide que acepte la mirra que le trae, "y al morir, asegúrame del ciclo el galardón". El arcángel Gabriel aparece para poner las cosas en su punto y revelar a los reyes la inminente traición de Herodes: "La Sagrada Familia agradece esta prueba de amor y cariño, y en la eterna mansión os ofrece la gloria que viene a buscar este Niño", pero "¡Oh, Reyes, Herodes sanguinario, a este Niño piensa herir; ocultad su nombre y su santuario, siguiendo distinto camino al partir", "mientras el pueblo adora al Niño -previene la última acotación-, se canta lo siguiente": Encima un pesebre Ya bajan los reyes, Así se recibía hace años la temporada de pascuas en las iglesias, en las casas particulares, haciendas y ranchos. Las costumbres cambian, naturalmente, y ahora "el muchacho encuentra a la muchacha" en un "beso de soda", apurando los dos con pajas distintas el líquido helado de un mismo vaso. |