Cenizas que arden, poema dramático, de Antonio Mediz Bolio, por la Cía. de María Tereza Montoya Armando de Maria y Campos |
Después de representarla con éxito en Mérida de Yucatán, María Tereza Montoya ha dado a conocer al público de la metrópoli la última producción dramática del famoso autor yucateco Antonio Mediz Bolio Cenizas que arden, definida como "poema dramático en tres encuentros", es decir, en tres actos. María Tereza Montoya estrenó Cenizas que arden el 8 de febrero de 1948, y entonces se dijo, como ahora se ha confirmado, que Mediz Bolio escribió esta pieza especialmente para María Tereza, comenzando los primeros actos hace algún tiempo, antes de que implacable enfermedad lo recluyera en su retiro de Ochil, en el camino de Progreso a Mérida, y el último con motivo de la visita que la Montoya hizo a Mérida en plan profesional a principios del año citado. |
No abandona sus trabajos de autor dramático. A principios de 1917 se estrena en el Teatro Peón Contreras, de Mérida, su opereta en un acto El marquesito enamorado, con música de Cornelio Cárdenas, y ese mismo año, el 19 de diciembre, la compañía de Ricardo Mutio y Dora Vila, que actuaba en el Peón Contreras representa La ola, comedia en tres actos, todavía echegarayesca pero también ya benaventina, escrita bajo la influencia de ideas de renovación social, combativa, en la que aboga por el establecimiento de un nuevo orden de cosas. Se representó con frecuencia en Mérida, en México, y llegó a subir a la escena en Buenos Aires el (1 de septiembre de 1922), donde no fue comprendida. El 20 de febrero de 1918 y también representada por la Cía. de la Vila y Mutio, se estrenó en el Principal, de Mérida, su poema escénico en tres jornadas, en verso, La flecha del Sol -que es "el canto del advenimiento de nuestra raza indoespañola"-, un poco a la manera de Villaespesa y Marquina. Se representó en México, y luego, en 1919, fue convertida en ópera por el maestro italiano José Micelli, cantándola Elena Sánchez Valenzuela y Josefina Llaca; José Limón, en la plenitud de sus facultades, Angel Esquivel, José Torres Ovando, Miguel Flores, etc. Este suceso está íntimamente ligado a mi vida de cronista del teatro. Dirigía entonces El Heraldo de México Mediz Bolio, y la noche del estreno de La flecha se dio cuenta de que el diario carecía de cronista de teatro y de ópera, y tuvo la bondadosa deferencia de mandarme llamar y designarme crítico de teatro y música de aquel diario, dos horas antes del estreno de la ópera mencionada. Escribía yo entonces crónicas de teatro en varias revistas: Mefistófeles, El Heraldo Ilustrado, etc., y gracias a Mediz Bolio me pude codear con Sorondo, que hacía las de El Universal, con Alberto Michel, de Excélsior, con Manuel Bauche Alcalde, que firmaba "Duque de Mantua", de El Demócrata... |
venado, y aún no se han estrenado, que yo me haya enterado, sus otras piezas, Soñando (1924), La fuerza de los débiles (1927), Rayo de sol, Manelich y El asesino (1930). Mediz Bolio ha escrito textos para varios poemas sinfónicos, y un argumento para cine llevado a la pantalla La noche de los mayas (1940), Cenizas que arden, estrenada en el teatro Ideal, de México, la noche del 15 de septiembre en curso, es una comedia dramática, de corte (cómo no si Mediz Bolio tiene a orgullo ser benaventino), de las mejores del autor de La noche del sábado, interesante desde luego, amena y escrita con un alto y cálido aliento poético. La trama, muy sencilla, se desarrolla en un ambiente cosmopolita -el de la zona del canal de Panamá- y en ella intervienen personajes pintorescos. Una cantante de ópera mexicana, que ha recorrido el mundo, se encuentra con un antiguo enamorado, a punto de divorciarse de una norteamericana la que, por un secreto profesional, lo tiene esclavizado. El autor habla, cuando le conviene hacerlo, por boca del personaje Chandra, un filósofo hindú. En determinada escena las dos mujeres se encuentran, se exaltan, y él, entre las dos física y espiritualmente, interviene y se ve obligado a matar, único recurso para lograr su libertad espiritual. No es Cenizas que arden mejor que las otras obras de Mediz Bolio que conocemos, pero sí es excelente pieza melodramática, trazada con mano maestra, muy bien hablada, y, lo que es más, muy teatral. |