Continúa Usigli hablando en medio de la calle. Hay que llevar la vida nuestra al teatro si queremos tener teatro. Qué personajes políticos desfilarán por Noche de estío y Fugitivos Armando de Maria y Campos |
-En Noche de estío, como en Fugitivos, para referirme estrictamente a las dos obras mías en ensayo, y cuyo estreno parece inminente, aparecen, en obediencia a mis propósitos, diversos personajes que corresponden a las más selectas clases de México, que, con motivo de la situación que se plantea en dichas obras he examinado ampliamente en mis ya famosos prólogos, correspondientes a estas piezas -me dice Usigli, mientras caminamos por la Avenida Juárez-. Usigli es la antítesis del monólogo; raras veces acapara la conversación; su pasión es el diálogo. "No más amantes encerrados; no más maridos cornudos que ya no tienen valor social; no más pequeños pícaros o pequeños héroes de cuya vida no apreciamos más que un ángulo psicológico o una pasión morbosa, cercenada por sus propios detalles de originalidad de la montaña de las grandes pasiones humanas". |
hacer una escena de celos a su marido; un accidente de automóvil como ocurren todos los días en el mundo; una cadena de pequeñas coincidencias destinadas a formar la atmósfera particular de aquella noche de estío; una muchacha romántica y pérfida; un estudiante ingenuo y creyente de las nuevas tendencias sociales; un aparato de radio; la inquietud, la angustia y el miedo y, al fin, el más desatentado y furioso terror que produce una espera de varias horas; el terror de caer de lo alto del poderío y de la riqueza, todo unido al calor excesivo de la noche estival y, al cabo, la final definición del peligro, su concretación en seres humanos y entonces, ante eso, la reacción de los personajes por el más mexicano de todos los elementos: el valor; pero el valor fatalista, sin finalidad y un poco triste, en el fondo, que quedó engastado en la canción de Valentina: Si me han de matar mañana, -Creo recordar ahora -le digo a Usigli, que ha callado- lo que ha dicho usted en alguno de sus famosos prólogos a propósito del teatro español de los siglos de oro, en el que no hay comedia., drama o melodrama desvinculado de la corte, de la tradición, de las profesiones... |
pasajeras grandezas, cómicas situaciones, ambiciones criminales y grotescas, la política, que en realidad ha sustituido con ventaja a la nobleza por cuanto son ventajosos los señores políticos. Los autores, pero sobre todo los actores, de revista, por su falta de respeto al ideal de una obra y a los textos, por los numerosos azares de su situación, por las circunstancias que suscita en el teatro la presencia de un personaje político, o por su sinceridad de cómicos que los enciende e ilumina en su trabajo hasta permitirles la perfecta improvisación, han logrado en México lo que autores eruditos, preparados y virtuosos del arte dramático no obtendrán en sus días: la risa y el aplauso. ¿Por qué dejar tan excelentes materiales en manos de personas casi siempre mediocres, que cuando escriben parece que traducen y cuando traducen parece que inventan? El público aspira a verse en el teatro, dignificado o caricatural. Mientras no se logre la perfecta unión del autor y su público, no se hará teatro mexicano. Y, entre tanto, las grandes anécdotas, los soberbios chistes, la paradójica situación política, las intrigas cortesanas, las maniobras electorales, los "enjuagues" y compadrazgos, los fiascos de los ambiciosos, las caídas de los ministros, las angustias de los pretendientes en las antesalas, la húmeda sombra de la burocracia, los espectáculos universitarios o politécnicos, los trabajos de los grandes artistas para el gobierno, las rivalidades de los poetas burócratas, sus frases envenenadas e ingeniosas, la honradez de unos hombres de gobierno y la inefable bribonería y cobardía de los otros, las cosas, en suma, dependientes de la administración pública, los escándalos municipales que avergonzarían a un "Topaze", languidecerán y se perderán para siempre, al fin, con grave detrimento de la historia, de la literatura dramática y del placer y diversión de nuestros contemporáneos. |