La familia Barrett en el Arbeu. Presencias de la revelación de Katharine Cornell en esta obra. Consagración de Virginia Manzano como la gran primera actriz nueva en el ancho mundo del teatro español Armando de Maria y Campos |
La única ciudad de América donde el drama puede representarse en forma adecuada es Nueva York, aseguró William Lyon Phelps, crítico del Scribner's Magazine, con motivo del estreno en el Empire, de la Ciudad de Hierro, de La familia Barrett. Claro que WLP se refería a Norteamérica exclusivamente. En efecto, Katharine Cornell, que había tenido fe en una obra rechazada por un buen número de productores teatrales que consideraban la pieza de Besier como "no comercial", montó espléndidamente The Barretts of Wimpole Street, logrando una personificación de Elizabeth Barretts tan impresionante como apasionante. Retiró la obra, después de más de trescientas representaciones consecutivas, cuando mayor era el éxito del público. "Los que viven en Cleveland, Detroit, San Luis y Kansas City escasamente cuentan con mejores oportunidades para saber lo que hay de nuevo en el drama moderno, que si vivieran en Manchuria", escribió William Lyon Phelps entonces; y agregó: "Si un extranjero formulara un resumen del nivel cultural de las ciudades de Estados Unidos por el número y calidad de sus programas locales en los teatros no llegaría a conclusiones halagadoras. Para darse cuenta de esto, todo lo que uno tiene que hacer en Boston, o en Buffalo, o en Pittsburgh es dar un vistazo a los anuncios de los teatros. |
aceptada su proposición salió con su compañía a Europa en agosto de 1944, en un transporte de tropas. La Cornell seleccionó La familia Barrett, porque es una historia sencilla de amor, con un villano que finalmente recibe su merecido y tiene un desenlace feliz, fórmula perfecta, en opinión de la actriz, para soldados cansados de la guerra y ansiosos del hogar. La compañía estaba constituida por 18 personas; la producción y el equipo pasaban de cinco mil libras. Se planeó que el circuito duraría tres meses, pero pasó de los seis, habiéndose dado 143 representaciones en Italia, Francia y los Países Bajos. Miles de soldados vieron la producción durante la gira europea, y sus gritos y bravos tuvieron eco en la mención formal del 5º ejército, concedida a la Cornell y su compañía por el teniente general Mark W. Clark, que puedo citar: "Se concede a The Barretts of Wimpole Street la placa y bronce del 5º ejército por servicio esencialmente meritorio durante el periodo de octubre 14 de 1944 a noviembre 1º de 1944. Durante dicho periodo el distinguido elenco de la producción histórico-teatral actuó en forma conmensurable con el espíritu artístico de sus miembros presentando representaciones que fueron vistas por miles de soldados del 5º ejército, contribuyendo materialmente al aumento de la moral del 5º ejército". |
y actuó como bailarina durante una gira que Pepe Campillo hizo por el interior. Ingresó después hacia 1931, como segunda parte, en una compañía de comedia de Leopoldo Ortín y fracasó, pero segura de que su verdadero camino estaba en la comedia, ingresó a la compañía de Ana e Isabel Blanch, que actuaba en el Ideal, y logró destacarse como actriz cómica, lo que la hubiera llevado, tal vez, a ser la sucesora de Isabel Blanch. Una determinada circunstancia le permitió hacer un papel dramático durante esta temporada de comedias cómicas en la pieza Ni al amor ni al mar de Benavente revelándose actriz dramática de rico temperamento e insospechadas posibilidades. Naturalmente, salió de esa compañía. Vino un amargo periodo de tanteos y titubeos: dama joven al lado de Matilde Palou, otra vez a hacer comedia de "ja, ja, ja" al lado de las Blanch, una temporada de vaudevilles franceses, y cada vez más desorientada fue a dar a la carpa Maravillas, durante una temporada popular folklórica de la que fue estrella el cómico caricato Resortes. En la carpa Maravillas la vio actuar María Tereza Montoya, y la redimió para el gran teatro de México llevándola al Fábregas para interpretar a su lado El mal de la juventud de Bruckner, en 1941-42. Al lado de la Montoya aprendió lo mejor de nuestra ilustre primera actriz, tomó lo de más calidad de la escuela dramática montoyana, y dueña de un excepcional temperamento y de una inteligencia singular, se destacó primero, se impuso después, como gran actriz dramática, la de más seguro y amplio porvenir en nuestra lengua. Fue a España en 1948 a la sombra de Virginia Fábregas y al lado de Andrea Palma, y triunfó por encima de todo el grupo mexicano, con la natural sorpresa y el lógico júbilo de los españoles al comprobar que es Virginia Manzano una excepcional actriz dramática que ha florecido en América de la mejor raíz del teatro español. |