Nueva versión de Blithe spirit de Noel Coward, por el Grupo de San Diego, en la sala Latinoamericana Armando de Maria y Campos |
Hasta en Inglaterra, donde el talento brota pronto y los jóvenes tienen abierta la ruta para el triunfo en todas las esferas de la vida, la meteórica carrera de Noel Coward se considera como algo enteramente fuera de lo usual, Noel Coward es, a la fecha un hombre maduro (nació en 1889), pero desde su primera obra de teatro ya se sabía que estaba destinado a realizar grandes cosas antes de que fuese mucho más viejo. Coward pisó por primera vez las tablas como actor, después fue cantor, y poco a poco se fue abriendo Castilla teatral al paso de su caballo de pura sangre de histrión; se hizo compositor; luego, autor. Cuando logró estrenar sus primeras obras "era un muchacho extraordinariamente inteligente -asegura su biógrafo Bollin-, despierto y vivo en grado sumo, y animado por la más completa decisión de vencer en la lucha por la vida, que no dejaba de presentársele difícil. Su primera obra -A ti te lo dejo- fue recibida con simpatía, pero su segunda La idea joven- que se mantuvo larga temporada en el Savoy de Londres, lo consagró, sin duda por llevar impreso el sello de una originalidad irresistible y de una capacidad asombrosa para reaccionar ante las modalidades e influencias del momento, que con el tiempo se reflejó en sus escritos, dándoles la marca de fábrica del autor más moderno del Reino Unido. De ahí en adelante sus talentos múltiples los aplicó con el mismo éxito a la revista, a la opereta, a la comedia y al espectáculo, y en todo ha dejado entrever opiniones osadas acerca de la vida; pero más que a la literatura pertenece al teatro. |
Noel Coward, que por momentos parece un autor frívolo y superficial, y otras veces se antoja cínico, sobre todo en sus comentarios a la vida moderna de "entre guerras", es un gran técnico de los recursos teatrales. De acuerdo con el ejemplo sentado por el más ilustre genio de la literatura dramática inglesa, Coward fue actor antes de escribir, y actor es todavía pese a sus éxitos y a sus millones. Debutó en las tablas a la edad de diez años, y la pasión que siente por el teatro le tiene en las tablas todavía, representado obras suyas y de vez en cuanto las de otros autores. Europa no olvidó fácilmente -fue preciso que se sucedieran otros triunfos- su éxito como actor y autor de Vidas privadas, comedia en la que trabajó a la perfección con Gertrude Lawrence; y su primer suceso en Londres fue conseguido igualmente como autor y actor principal de El vórtice, con una "plaza" que reproducía el caos moral de la posguerra del 17, con la misma fidelidad que Cavalcade evocó la confusión social y económica de principios de 1931. Cavalcade es una serie de estampas de la historia inglesa contemporánea. De este espectáculo Dionisio Cano habrá tenido la idea de formar su conocida producción española Cabalgata, que no es sino una feliz imitación del de Coward. Frágil virtud y Angeles caídos establecieron a Coward en el favor popular como autor de invención y facilidad portentosas. Desde ese momento su triunfo definitivo estuvo asegurado. Una obra suya era una letra de éxito seguro; en Hay fever demostró Coward que conocía a los viejos igual que a los jóvenes, y puso de relieve sus condiciones excepcionales para la sátira, probadas también en The queen was in the parlour, que proporcionó a Magde Titheradge un triunfo rotundo (por cierto en vísperas de retirarse de la escena inglesa), como Hay fever consagró a otra gran actriz inglesa, Marie Tempest. Después siguieron los éxitos de Adelante con el baile y Este año de gracia, puestas por Charles Cochran; la opereta Agridulce, y el ciclo de obras dramáticas integrado por Este era un hombre, Hablillas caseras, La marquesa y Sirocco. Al principio él mismo declaró que sólo le urgía hacer dinero. Y lo hizo. Ya millonario, se esperó de él una obra que le colocara en un plano superior al que le ha servido sus primeros, largos y resonantes triunfos. Pero vino la guerra, y Coward se quedó debiendo al mundo del teatro la gran obra, la definitiva, que todos los amantes de la escena esperamos de él. "Con habilidad consumada -comenta su biógrafo Sampson- presenta "dramas de ideas" a los huecos espíritus modernos en la única clase de lenguaje que son capaces de entender. Su desprecio por los vanidosos auditorios que toman en serio sus farsas satíricas, es tan poco disimulado que sus víctimas lo acogen complacidas como aspecto delicioso de su humorismo. Cabe tener a |
Coward -asegura Sampson- por el hombre de espíritu victoriano, que escribe de mala gana para una época de gigolos y papanatas". |