Recreación de Volpone por la Compañía Mexicana de Comedia del teatro Caracol Armando de Maria y Campos |
Si fuera posible a nuestros directores teatrales especializarse en determinado tipo de representaciones, sin duda que Pece Aceves dirigiría únicamente farsas. Tengo para mí que sus mejores aciertos deben buscarse en sus versiones de farsas, porque posee un raro sentido para hallar la línea quebrada de la caricatura teatral, que dibuja con la fina seguridad de quien domina la técnica del dibujo, es decir, la de la dirección escénica con imaginación, picardía y humor. Su versión de Volpone de Ben Jonson-Araquistáin, llena de vida y movimiento, que roza los límites de la pantomima y del ballet sin invadir sus territorios ni salirse del de la farsa prueba que ésta es teatro no realista por excelencia, de divertimiento, mitad ridículo y no exento de un alado elemento de fantasía lírica. |
He hablado líneas arriba de una versión de Volpone Ben Jonson-Luis Araquistáin. Así es, en efecto. El Volpone que la Compañía de Aceves representa en el teatro del Caracol es tanto del autor inglés como del escritor español. ¡Un Volpone nuevo! Muy antiguo y muy moderno, como en un verso inmortal pedía Rubén para lo que tiene calidad añeja y frescura perenne. Ben Jonson concibió Volpone para el público de su tiempo. No supo tal vez que había escrito una gran farsa. Modeló con índice seguro todos los personajes, se preocupó de fustigar la hipocresía, de desenmascarar a los bribones y a los codiciosos en un juego hábil y audaz, dándole el triunfo, no al más puro, sino al más listo, y condujo la acción para que los personajes centrales resultaran castigados por su mala fe y su codicia. En la versión de Stefan Zweig el texto de Jonson resulta rehecho con entera libertad, pero se conservan los nombres italianos, alusivos a animales -Volpone, Voltore, Corbaccio, Corvino, Mosca, etcétera- y también las líneas generales de los personajes principales, pero el parásito Mosca resulta el protagonista en vez de Volpone, la inocente Celia, que conserva su nombre de Colomba, aparece punto menos que paradisiaca, y al final el ·nico que recibe ejemplar castigo es Volpone... |
En un vivo, muy graduado y muy ágil juego de facultades, mantienen un duelo de interés, que se decide en un noble empate. Por momentos cada uno aparece como protagonista y parece que se va a llevar de escena -de calle- la interpretación. Al final, el triunfo de los dos excelentes actores se parte por gala en dos. En la versión de Volpone de Araquistáin, la hermosa Celia, honesta dama veneciana, esposa del celosísimo, y más codicioso Corvino, tiene singular importancia. Es la sonrisa perlada de la farsa, el caliente rayo de sol que ilumina los bajos fondos de la codicia y la hipocresía. Aceves halló a la bella Celia en una dama aficionada al teatro, que por travesura de mujer inquieta e inteligente tiene el primaveral capricho de vivir unas horas detrás del misterioso embrujo iluminado de las candilejas, Beatriz San Martín. Su Celia, en la preciosa edad y en el encantador tipo que precisa la acción, está deliciosa, y oírla recitar sus transparentes parlamentos, salpicados de imágenes literarias que lucen como gemas líricas igual que las perlas en el trenzado de su endrina cabellera, es un suave remanso; no pierde su dulce acento, no descompone su bella figura, ni cuando, palpitante de terror y de asco, rechaza el intentado ultraje del rejuvenecido Volpone. El reparto es largo, pero no por eso los personajes actúan en cortas actuaciones. Constante la escena tiene que acoger a tres o cuatro personajes, además de a Volpone y Mosca que no la abandonan. Cada quien de los jóvenes actores cubre su personaje con talento unos, con estudio otros, con desbordada pasión todos. Xóchitl Varmen logra una Urraca cómica y graciosa, Mario Duncan crea un Corbaccio muy justo y gracioso, Rolando San Martín hace gala de vehemencia en su Voltore, Encinas actúa con desenvoltura dentro del difícil ropaje de marido celoso y complaciente por codicia, y Jenaro de Alva le da a su Bonario la juvenil impetuosidad de enamorado defensor de mujeres desvalidas que el personaje requiere. Antonio Arce, en el Presidente del Escrutinio, anima con mucha sobriedad una caricatura de un Magistrado astuto y venal. |