El Festival de Teatro Internacional. Representación en francés de Cyrano de Bergerac por Les Comediens de France en Bellas Artes Armando de Maria y Campos |
Esta es la cuarta experiencia personal que tengo de Cyrano de Bergerac de Rostand. He oído hablar mucho del Cyrano que hicieron en México Fernando Díaz de Mendoza, Emilio Thuillier y Miguel Muñoz. Don Fernando, en la raya que separa el siglo XIX del XX; Thuillier en vísperas de las fiestas del Centenario, y Miguel Muñoz un año después de estas fiestas. A Muñoz se lo vi, siendo poco más que un niño, el año 1911, en el Colón. Casi no lo recuerdo. Fue mi primer Cyrano, y naturalmente en español: -Tiro gallardo el sombrero; No recuerdo, de aquel Cyrano sino la escena del desafío en el Palacio de Borgoña. La segunda experiencia, fue el magnífico Cyrano en francés, de Pierre Magnier, con su Compañía de Teatro de la Puerta de San Martín, en París, el año 1923, en el Arbeu. Un Cyrano de Bergerac inolvidable, con Juliete Clarel, Blanche Toutain y Grabiela Dorziat. ¡Cómo lo cantó Magnier, entonces el mejor intérprete del gascón ilustre! Aún tengo en mis oídos: -Son los cadetes de la Gascuña Años después -1927- el español Ricardo Calvo hizo el Cyrano, en la lengua de Cervantes, en el teatro Principal. Presentación discreta, más bien mediocre, como de farándula que anda en gira, "haciendo América". Fue el de Calvo un Cyrano esmirriado, encogido, precario, si se le veía con los ojos de la exigencia bien abiertos, pero si se dejaban caer los párpados, y se le oía nada más, ¡cómo se le veía!, en el acto tercero llamado "el beso de Roxana": -Al fin y al cabo, ¿qué es, señora
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Trece años después, nuestro gran actor frustrado -por el cine, claro está- Fernando Soler, lo dirigió e interpretó en el Bellas Artes, en temporada organizada por el Departamento del Distrito Federal. Fue un Cyrano magnífico, decorado por Galván y Lamont, vestido por Marissa -ahora se usa aquel vestuario-, iluminado por Cedillo. Fernando Soler, sin voz; pero con garbo y picardía, tuvo momentos inolvidables. Yo le recuerdo particularmente en la escena del primer acto, aquella en que Cyrano se toma a sí mismo en broma. ¿Recordáis cuando De Valvert pretende mofarse de su nariz, y dice: "Voy a echarle una pulla que le hiera... Tenéis una... nariz... muy grande", y Cyrano le invita a seguir, y como el caballerete no sabe qué hacer, continúa Cyrano por cuenta propia: -Eso es muy corto, joven; yo os abono Para mí, momentos como éste fueron los mejores de Fernando Soler, que a la mitad de la temporada prevista, le cedió los trastos, por afonía, al segundo espada, el gran actor español Julio Villarreal, quien casi sin ensayos, pero con un gran amor y mayor sentido de responsabilidad hizo un "Cyrano de Bergerac" muy digno, con aliento y ritmo, y muy gascón también, que es condición sine qua non, para que Cyrano sea de Bergerac, que no basta que sea, como es natural francés. |
Cyrano cumple en diciembre de este año cincuenta de andar por los teatros del mundo. Pertenece al repertorio de la Comedia Francesa, lo que equivale a una consagración definitiva. Por excepción, la crítica participa de la opinión del público. Una y otro la tienen juzgada. "Cyrano -escribió Francisco Sarcey en 1897- es una obra de encantadora poesía, pero es, ante todo y sobre todo, una obra de teatro... Rostand nos trae de los siglos pasados el verso de Scarron y de Regnard, manejándolo con la maestría de quien está impregnado de Hugo y de Banville. Todo cuanto Rostand escribe brota naturalmente y tiene frescor moderno. El poeta posee la facilidad, la claridad, el movimiento y la medida, esto es, todas las cualidades que distinguen a nuestra raza francesa". |