Se representa con éxito en el teatro El Caracol Ardelia o la Margarita de Jean Anouilh Armando de Maria y Campos |
Llámase en México "teatro experimental" al que se organiza sin la intervención directa de las organizaciones que integran la Federación Teatral. Problema de nóminas, o de "plantas", simplemente. El repertorio no cuenta en absoluto. O cuenta en primer término, pero no como repertorio de vanguardia o de exploración. Las obras que eligen los llamados "grupos experimentales" son las caladas previamente en los escenarios comerciales. Un tranvía llamado deseo, Teatro, Ha llegado un inspector, La desconocida de Arrás, A puerta cerrada, Ardelia o la Margarita. Los autores de repertorio en Estados Unidos -Tennessee Williams-; en Inglaterra -Somerset Maugham, Priestley-; en Francia- Salacrou, Sartre, Anouilh-, resultan en México, a causa de las costosas plantas de trabajadores profesionales del teatro, francamente experimentales. Así queda explicado que uno de los más sólidos éxitos comerciales del teatro francés, Ardelia o la Margarita de Jean Anouilh, se ofrezca en México desde el reducido local de un llamado "teatro experimental", limitada la asistencia a menos de ciento cincuenta lugares, por la simple, poderosa razón de que sus organizadores lograron reducir las tradiciones "económicas" de la Federación Teatral, cuyos dinámicos líderes defienden denodadamente aun a costa de mantener cerrados los por ellos mismos calificados teatros comerciales, o para profesionales. |
prueba, pero el resultado fue comprobar que los dos corcovados están decididos a todo. Mientras tanto, el general goza de los favores de la "doncella" de la casa. La generala, esposa de Saintpé está loca de amor y celos por él; a la hermana de ella la siguen un esposo complaciente, que se consuela con otra mujercita, y su amante, un poco platónico y un más ridículo; su hijo mayor se ha casado con Natalia, quien está enamorada del hijo menor. Cuando la margarita ha deshojado sus pétalos, el último prueba que el único verdadero amor es el de los dos jorobados, quienes se matan para que no los separen, en tanto que Toto y una amiguita parodian una escena de amor, de las tantas que han visto hacer a los mayores, como un juego de niños... La escena ocurre en un castillo, en cualquier lugar de Francia, pero cerca de París, sobre el año 1900. Todo sucede en el hall, del que parten, hacia arriba, dos escaleras simétricas (en El Caracol, por razones de espacio, únicamente media escalera), lo que permite que la acción se desarrolle en diversos planos. El primer acto dura 32 minutos, 28 el segundo y 20 el tercero. No hay intermedio "para estirar las piernas o fumar" del primero al segundo actos. Aceves, que vio representar esta obra a Marcel Peres en el general, a Suzanna Barnard, Andree-Clement, Jean-Paul Rousillon, Mari Morgan, Jacques Castellot, Claude Sainval, Michel Herbault, Nadie Barentin, Roger Lauran y Helena Mansón, es seguro que aprovechó esta experiencia para aconsejar, dirigir mejor a sus actores, algunos -López Portillo, el general- casi profesionales del teatro comercial; otros -Gabriela Peré, la Condesa- consagrados al teatro del micrófono, o al cine en papeles cortos -Alicia Grau, Natalia; Ana María Villaseñor, la "doncella"; o empleados, como Diana (Lola) Ochoa, mecanógrafa del Departamento Agrario, ejemplo de afición y constancia, cuya generala loca, que sólo aparece en la escena postrera, fue -o es- la revelación auténtica de esta obra, representada, además de por los actores citados, por Francisco Muller, Rubén Heredia, Miguel Córcega, Mario Duncan, Norma Gloria y Rodolfo Lozano. Muy alegre, graciosa y habilísima en su construcción, la escenografía de Reyes Meza. Y muy segura, ágil y traviesa, la dirección de Aceves, atenta a que la acción no pierde su ritmo de farsa, su encanto de vaudeville, su gracia romántica, todo amenazado por la nube negra de la tormenta erótica que arranca la razón a la generala, que precipita al suicido a los dos corcovados. |