Nueva salida por los campos de la revista del actor y director mexicano Roberto Soto Armando de Maria y Campos |
Un bello espectáculo mexicano, bello pero incoherente, viene presentando en el teatro Lírico, de la ciudad de México, el actor cómico zacatecano Roberto Soto, uno de los más constantes animadores de este género revisteril. Periódicamente Roberto prepara un espectáculo de la índole y corte del que acaba de organizar para el Lírico, invirtiendo tiempo y dinero para montarlo y presentarlo con perfiles de novedad o de renovación, buscando material humano entre actores, autores, músicos, decoradores, figurinistas y sastres, y a la postre su nuevo espectáculo resulta como el anterior: un desfile de las figuras teatrales del momento, una exhibición de decorados vistosos, una repetición de temas sobados en lo que ambiciosamente se denomina libreto y una selección de los temas musicales más acreditados o de mayor popularidad en la época correspondiente al estreno del espectáculo en turno. No tiene la culpa Soto; su entusiasmo, su dinamismo, su afán de renovación de un género teatral en el que ha sido primera figura más de un cuarto de siglo se estrella, irremediablemente, contra la rutina, el mal gusto, la negligencia y la pereza de autores y compositores, y las dificultades, casi insuperables, con que tropieza todo empresario teatral en México. Esta vez, Soto se llevó para presentar su nuevo espectáculo, muy cerca de cuatro meses. Clausurado el teatro Lírico, que es el centro principal del género de revistas mexicanas, Soto decidió abrirlo con un espectáculo "de los suyos". Pero Soto, que es un hombre que ha ganado en el teatro varios millones de pesos, ha perdido en el teatro esos mismos millones que ha ganado y aun otros de socios ocasionales o de amigos generosos. No se toma a hipérbole esa danza de millones de los que Soto no pudo quedarse legítimamente con un peso de los de antes, o de los de ahora. El dinero del teatro, se lo lleva el teatro... Sin capital para montar el espectáculo en proyecto pero con el crédito que le abren su capacidad de animador teatral, su calidad como actor y su entusiasmo contagioso de hombre gordo y sano, empezó a buscar "ayudas" económicas de amigos y admiradores. Se le vio cerca de los gobernadores de San Luis Potosí y de Aguascalientes; se le vio aparecer en las últimas giras presidenciales, seguramente tratando de interesar para su espectáculo al presidente de la república, a sus ministros, a senadores y diputados, a altos funcionarios en general. De |
estas actividades regresaba Soto más optimista, anunciando que en su revista podrían figurar decorados de Diego Rivera, otros inspirados en cuadros de Saturnino Herrán, el malogrado pintor mexicano casi desconocido ahora; que se exhibirían telones fabricados con bastones de Apizaco, con deshilados de Aguascalientes, con rebozos potosinos de Santa María y con sarapes de Saltillo, de Oaxaca y de Santa Ana Chiautempan. Al regreso de su último encuentro con el presidente de la república en su natal Zacatecas, donde toreó para el primer magistrado y para el séquito presidencial, Soto anunció definitivamente que estaba dispuesto a secuestrar si era preciso a dos conocidos autores -Carlos M. Ortega y Francisco Benítez-, para que de una vez por todas le escribieran el libreto de su revista, que ya tenía título: Conozca a México. ¿Qué le cuesta?, porque sería su espectáculo una especie de viaje por el interior de la República para dar a conocer México a los mexicanos. |
secuestrar a los autores Ortega y Benítez, no existe; dos o tres tiradas de versos afortunados, tal cual sketch y las oportunidades que tiene Soto para improvisar no forman, en justicia, un libreto de revista, que empieza con ambiciones de novedad y que concluye como cualquiera de las mil y una de este género que se viene representando en México sin más novedad que el cambio de título, que, distinto siempre, ampara por costumbre y por inercia, idénticos motivos en los cuadros o para los desfiles de figuras que actúan delante de cortinas, que esta vez fueron sustituidas por telones construidos con bastones de Apizaco, sarapes o rebozos.
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