El debut de Juanito Valderrama en el Arbeu con Los niños del jazminero. Lo que va de ayer a hoy en cantes y bailes flamencos Armando de Maria y Campos |
¡Qué fino el cante de Juanito Valderrama y qué fino el estilo de este cantaor de Jaén -de Torre del Campo, precisamente-, creador él mismo, como poeta popular de sus cantes, muy antiguo y muy moderno, como lo definiría Rubén Darío si al vate de Nicaragua le hubiera alcanzado la vida para oír al cantaor de Andalucía! Juanito Valderrama ha creado un nuevo cante, que ha extraído de la cantera de "sus" clásicos, el "grande" o el "chico", el de las minas o el de Levante, sus vetas más puras y profundas, y las ha fundido en el crisol de su garganta prodigiosa -¡nidal de ruiseñores sopranos y de jilgueros tenores!-, con los más brillantes y no por aparentemente fáciles menos difíciles que los "antigüísimos" de chacón, "Fosforito", Juan Breva o Vallejo, estilos modernos, de "ahorita" mismo, accesibles al oído frívolo o "payo". |
así se llama en la vida civil-, Juanito Valderrama ha hecho su presentación en el Gran Teatro Arbeu con un éxito pocas veces registrado en México. Exito grande para él, y para toda su compañía que representa, canta y baila muy requetebién un sainete -vestido de coplas- de ambiente andaluz, de Julián Sánchez Prieto -el Pastor Poeta-, que no es sino un amable y gracioso pretexto, casi un guión teatral, para que Valderrama actúe como protagonista, y cante y cante, sin fatiga ni descanso, prodigándose, deseoso de meterse en el corazón de todos los espectadores, y arrastrar con él a sus primeras bailarinas Malena Montes y Luisita de Triana y a Niño Ricardo y a Juan Calvo, y a Marín de Castro y a sus veinte o treinta bailarines y bailarinas. Un decorado de Galván muy bien ambientado, y vestida la obra por Maritza, hacen de Los niños del jazminero, la obra estrenada, un gran espectáculo. La presencia del "divo" andaluz en casi todas las escenas le da a estas representaciones una calidad de excepción. Se adquieren con la fortuna... |
Y ya no cesa de cantar Valderrama durante toda la noche, lo que marca el libro y lo que él regala al público: Por soleares cuando en el Vaquero personifica el sueño de una mosita; en seguida por fandangos Campana cascabelera; otro fandango: Al cortijo de mi amor...; por soleares: ¡Mare, la voy a queré!; otra vez por soleares: Mira qué bonita era... En seguida por malagueñas: Que en tu lamento desía... Aquí intercala un bolero flamenco titulado El emigrante, y termina la primera parte del espectáculo con un fandango: Porque el dinero te sobra... Frente al Cristo de los Faroles, en Córdoba, a donde la fantasía y la libertad del autor trasladan al niño del jazminero y al público, Valderrama canta "antigüísimo" y actual, por soleares, milonga y alegría, un primor de pasado y presente del cante andaluz, y no cesa de cantar -y eso que también lo hacen la Malena Montes y los actores que saben o tienen que hacerlo, ya cuando baila Luisita de Triana, ya cuando lo hace, por alegrías y bulerías, la Malena, esa chiquilla sevillana que derrama sal si baila o canta, y al que le cantaría, si supiera hacerlo, por lo bajito: Eres perla de las perlas,
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