Treinta y tres años después, reposición de El país de los cartones, una de las más típicas zarzuelas mexicanas, en el Arbeu Armando de Maria y Campos |
Negros nubarrones entoldaban el cielo mexicano el año de 1915, uno de los más turbulentos que ha vivido la nación, sacudida del Bravo al Suchiate por la guerra intestina que sostenían las poderosas facciones jefaturadas por el ex gobernador de Coahuila don Venustiano Carranza y por los valientes guerrilleros Emiliano Zapata y Francisco Villa. La ciudad de México ocupada y evacuada constantemente por tropas de unos y de otros, vivía de día horas de angustia y zozobra pero, por la noche, se divertía alegremente con carrancistas, villistas o zapatistas, según la ocupación militar en turno. |
El país de los cartones es una revista típicamente mexicana, fundida en el ya clásico molde español. Al levantarse el telón aparece la glorieta del Paseo de la Reforma en que se levanta la estatua de Cristóbal Colón. Este, representado entonces por el actor Paco Gavilanes, desciende y se pone a charlar con el gendarme "de punto", que lo era Miguel Wimer. Hablan de cosas del día y ven pasar tipos del momento que les sugieren agudos comentarios; Colón se asombra del nuevo primer personaje de la ciudad: el camión; el gendarme, tiene otra preocupación: los "cartones" o "planillas", que han venido a sustituir a las monedas de plata y cobre. Se suceden los diálogos, los números musicales -con música arreglada por el maestro "Campanini", que no era otro que el excelente director Ruano Micó-; los couplés, los coros, etc. Desfilan el "Oro", el "Billete nacional", el "Londres y México", el "Oriental de Puebla", el "Mercantil de Veracruz", el "Banco de Hidalgo", el "Rivalidado Alto", el "Rivalidado Bajo", los de "Dos caritas", las "Sábanas de Villa", los "Cartones", las "Planillas" y sobre todo los "Infalsificables"... En otros cuadros "El franco", "La peseta", "El dólar", "El rublo"; es decir diálogos, bailes, couplés. María Conesa -la recuerdo como si la estuviera viendo- estaba insustituible en el número del franco y en el de la peseta. El país de los cartones alcanzó un triunfo clamoroso. Llegó a representarse cuatro veces cada noche, cubriendo las cuatro "tandas": en el teatro Díaz de León, por el jardín del Carmen, la compañía de Carlota Díaz, Humberto Rodríguez y Federico Palancares la representaron 200 veces cuando en el Lírico llevaban más de 500. Cifras semejantes alcanzó en el Briseño, en el Apolo -por la calle de Mosqueta-; en el María Guerrero, con Concha Bustamante, Clemencia Llerandi y Amparo Pérez respectivamente, en los papeles que hacía María Conesa. La afortunada obra salió a los estados y por series de diez representaciones que los autores cobraban adelantados a veinticinco "infalsificables"; la representación fue aplaudida infinidad de noches en Guadalajara, en Monterrey -donde García Pajujo hacía a Colón-; en San Luis Potosí, en Tampico, en Orizaba, en Chihuahua, y en Mérida, con Mimí Ginés en los couplés de la Conesa. |
Recuerdo a casi todos los artistas que estrenaron esta obra en el Lírico: la Conesa, Laura Marín, Carito D'Alessio Goyzueta, Carmen Velasco, Emilia Plaza, Elena Saldívar, Eva Pérez, Vicenta Roig, y Judit Gómez, Isabel Ruanova y Defensa Cantú; Gavilanes, Wimer, Rugama, Arnaldo, Viramontes, Navarrete Legorreta. Coyote primero:-Para ser un buen coyote, Ahora, después de treinta y tres años de su éxito rotundo vuelve a representarse en el Arbeu y constituye un triunfo para todos y se revela como un formidable "documento teatral" de una época que México vivió con alegre y dramática intensidad...
|