La vida es sueño de Calderón de la Barca, en el Fábregas, en una excelente interpretación Armando de Maria y Campos |
Ante escasa concurrencia -inexplicablemente- continúa presentándose en el Fábregas, por la compañía de Cipriano Rivas Cherif, el drama filosófico de Pedro Calderón de la Barca La vida es sueño escrito, como se sabe, el año 1635, mismo al que pertenecen su drama El médico de su honra, su comedia El mayor encanto, amar, y durante el cual murió Lope de Vega y se publicaron Deleitar aprovechando, miscelánea de Tirso de Molina y cuarta parte de sus comedias, con doce, entre ellos Don Gil de las calzas verdes, y la primera parte de las comedias de Pérez Montalván y en el que Ribera pintó su maravilloso cuadro la Inmaculada Concepción.
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¿Qué es la vida? Un frenesí, Maravilla en La vida es sueño que Calderón haya sido capaz de convertir en materia escénica las ideas más abstractas, y el que se haya llevado al teatro -para el vulgo de su tiempo; para todos en cualquier tiempo-, lo más sublime del sentimiento poético y del pensamiento filosófico. ¿Encontró Calderón la idea fundamental de su drama en la leyenda de Buda, o en un cuento de las Mil y una noches, como algunos suponen? ¿O en los sermones que escuchó en los templos de Madrid, como cree el P. Olmedo? ¿O en la tragedia de Sófocles, Edipo, en la que aparece el concepto de que "el delito mayor del hombre es haber nacido"?... Lo cierto es que la obra gana en valores universales cada día, y es una de las pocas del teatro clásico español que sigue representándose. ¡Ay, mísero de mí! ¡Ay, infelice!
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Con emocionado arrebato viril -como de quien sabe bien lo que es haber perdido la libertad- el joven de cinco lustros, Miguel Maciá, dice este monólogo, y toda su parte del Segismundo, en una interpretación de La vida es sueño excelente de verdad, durante la que también brillan el talento de representar y el dominio de la dicción de dos recitadores -cubanos- consagrados en estos menesteres de decir bien y con emoción el verso: Dalia Íñiguez (Rosaura) y Eduardo Casado (rey Basilio). Un actor veterano y muy dueño de su oficio, Nicolás Rodríguez, se encarga de animar con sus bromas, para el vulgo que paga por divertirse, la sombría tragedia de Segismundo, haciéndola de gracioso (Clarín), y un escogido equipo de actores jóvenes y con su poquita de experiencia escénica -Carmen Salas, Jorge Martínez de Hoyos, Francisco de Valera-, completa la interpretación de esta obra excepcional que se mueve en un clima arbitrario y convencional, que Rivas Cherif con la colaboración de Soriano y Bartolozzi, materializó con fantasía del mejor gusto, lo que, para desgracia de los tres, no satisfizo a la mayoría de quienes hacen la crónica y la gacetilla ¡y las columnas! de nuestra fugitiva actualidad teatral; lo que ha repercutido, como es natural en el interés del público, tan atento a justificar su falta de interés.
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