Una excelente versión de La enemiga, en Monterrey, por damas y caballeros de la sociedad regiomontana. Triunfo de Elisamaría Ortiz y de Manuel Julio Barragán Armando de Maria y Campos |
De "grandiosa Velada de Arte Pro Niños Pobres" califica la prensa regiomontana la función teatral recientemente celebrada en el Gran Teatro Rex de la capital reinera, por la Sociedad Artística Amado Nervo y el Cuadro Artístico del templo de los Dolores, durante la que se representó la bella comedia dramática de Darío Nicodemi La enemiga, y a la que asistió la crema y nata de la sociedad de Monterrey. |
su figura, su elegancia y porte y su gran naturalidad hicieron que el público no dejara de aplaudirla en cada momento de su brillante actuación. El diálogo sostenido con Roberto fue grandemente emotivo, llegando a posesionarse tan bien de su papel, que hasta logró arrancar lágrimas del público, que no cesó de admirarla". María Reyes viuda de Dávila dice en su crónica: "El difícil papel de la duquesa de Nievres estuvo a cargo de Elisamaría Ortiz de González Garza. De sobra conocíamos sus dotes relevantes para el arte, pero no creímos que se alzara a la altura que lo hizo. En el 2o. acto actuó con tal intensidad de emoción, que hizo partícipe de ella al público, que vibraba y sentía como simulaba hacerlo la gran actriz... En el último acto, agobiada por los presentimientos de la muerte de su hijo adorado, al recibir la noticia, su dolor se manifestó tan grande y sincero, tuvo lamentos y gemidos tan intensamente humanos, que se nos reveló en una fase dramática que no le conocíamos. Rendida al fin por el dolor, ¡Mater Dolorosa!, sabe prohijar al vástago ajeno, al que oprime entre sus brazos y sobre su lacerado pecho. Elisamaría no es una aficionada. Su intuición artística la coloca al lado de las grandes trágicas que hemos admirado durante nuestra vida. Al terminar, el público, puesto de pie, la ovacionó en forma delirante, haciéndola aparecer en escena varias veces".
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"Elisamaría: Quiero hacer llegar a ti mi aplauso y mi admiración en forma epistolar, aunque mi pluma no sea autoridad para juzgar la labor artística de persona que, como tú, eres consentida de las musas, de las que has recibido dones inapreciables... No puedo decir que te nos revelaras, eso no, puesto que conocíamos tu alma de artista, tu espíritu saturado de nobleza y de entusiasmo... es que te superaste a ti misma, que estuviste magistral, que Monterrey entero, representado por el público que te aclamó, te guarda inmensa gratitud... Te adueñaste de todo el auditorio en el instante de tu aparición en el final del primer acto; sólo unas palabras dijiste y fueron suficientes para electrizarnos... Pero tu figura, regiamente ataviada, que sólo había pasado ante nuestros ojos como una ilusión, se impuso con más fuerza en el segundo acto, en el cual revelas todos los sufrimientos del personaje, callada y heroicamente sobrellevados hasta entonces. ¡Cómo nos condolimos también ante el dolor de Roberto! ¿Y de él qué te habría de decir?... El mejor elogio sería que a tu lado hizo una soberbia figura que no lograste opacar con toda tu brillantez... Pero cuando nuestra admiración llegó a su máximo, fue al verte transfigurada en Máter Dolorosa ante la desgarradora noticia de la muerte de Gastón. El dolor lo sentías... no lo representabas; lo vivías con tal fuerza, que los espectadores y tú éramos una misma persona; nos comunicaste con tus vibraciones artísticas. Sello esta carta con un apretado abrazo que te lleva mi estimación y mi cariño". |