En fechas recientes y a iniciativa de múltiples instancias, han aparecido en nuestro medio varios testimonios documentales que intentan compensar, de cara al futuro, el carácter efímero del hecho escénico.
La amplia bitácora en que la periodista, Alegría Martínez, intenta asir el misterioso proceso de creación de El caballero de Olmedo (versión “libérrima” y puesta en escena de Luis de Tavira, realizada en 1997), se suma al no menos exhaustivo registro del montaje de Una comedia a la antigua (puesta en escena de Evgueni Lázariev de la obra de Alexéi Arbuzov, con las actuaciones de Margarita Sanz y Felio Eliel, también de 1997) que Emma Dib y Rocío Galicia han publicado.
Estos dos testimonios, que se adentran en la cocina del teatro, complementan una iniciativa emprendida originalmente por Mario Espinosa (a quien se debe la existencia de las bitácoras de Creator Principium y Cuarteto, tanto como la de El caballero de Olmedo) que pretende añadir a la función documental, un sentido pedagógico. Amén de relacionar la estética de un determinado creador con sus métodos de trabajo, la difusión de éstos ofrece un marco de referencia paliativo ante la ausencia de preparación formal de los directores de escena mexicanos.
A estas dos funciones, hay que añadir ahora una no menos importante de todo proceso documental: su valor para divulgar la existencia del arte.
Por iniciativa de la Dirección de Teatro y Danza de la UNAM, la Coordinación de Difusión Cultural y TVUNAM han realizado (y continúan haciéndolo) una serie de programas documentales sobre algunos protagonistas de la escena nacional. Transmitidos originalmente por Canal 22, su formato en video permite una consulta permanente y una muy amplia difusión.
Entreverando datos biográficos, con pensamiento y obra, estos programas se adentran en el universo personal de diversos creadores teatrales, hasta hoy escritores dramáticos y directores de escena (Héctor Mendoza, Emilio Carballido, Vicente Leñero, Hugo Argüelles, José Ramón Enríquez, Ignacio Retes, Ludwik Margules).