Insisto: las políticas culturales deben abandonar los grandes planes generalizadores y atender a las iniciativas reales, a los pocos espacios sensibles que aún existen en nuestro teatro. Resulta patético que mientras la XXIII Muestra Nacional de Teatro organizaba homenajes recurrentes a los dramaturgos veracruzanos y mesas de discusión en torno al teatro del estado, “Candileja”, el centro de documentación y difusión que mantiene la generosidad de Don Paco Beverido, haya cerrado sus puertas por falta de los apoyos mínimos para su subsistencia.
Pese a esa muy desagradable noticia, la aparente reactivación del teatro en Xalapa resultó el elemento más atractivo de la Muestra Nacional. La existencia de una de las dos compañías estables del país (la Compañía Titular de la Universidad Veracruzana) y el trabajo permanente de Abraham Oceransky, revelan su importancia, pese a sus pobres resultados escénicos recientes, como plataformas que permiten al teatro sobrevivir.
Sobre esa base de referencia, es posible que surjan iniciativas individuales como el admirable trabajo de Adriana Duch, quien retoma, en La venganza de las margaritas, su personaje de Juan Volado (Proceso 1187) y la colaboración con el director francés Jean Marie Binoche. En la mejor tradición de la commedia dell’arte, la máscara del irreverente Juan enfrenta nuevas e inesperadas aventuras mientras su intérprete se adentra en un dominio técnico y una riqueza de recursos expresivos que sólo es posible conseguir habitando permanentemente un estilo de creación y el infinito interno de un solo personaje.
Otros dos espectáculos, cuyos realizadores están relacionados con la Facultad de Teatro de la UV, llamaron la atención de los especialistas, o, por lo menos, generaron cierta polémica: El rey se muere de Ionesco, puesto en escena por Fernando Yralda, y Final de partida, una recreación pirandelliana de Manuel Domínguez sobre un grupo que no logra montar la obra de Beckett.
La desorganización reinante en la Muestra y la obtusa mente de una estudiante dotada del pequeño poder que otorga controlar la puerta de acceso, me impidieron ver la primera. Un desplante del segundo grupo, que suspendió una de sus funciones porque esa noche sólo llegamos cinco espectadores, no me permitió atestiguar el
Final de partida.