En el mismo tenor de las grandes interpretaciones de los textos clásicos, es de esperar que el Tio Vania de Chejov que presenta el rumano Teatrul Bulandra, ofrezca grandes actoralidades aunadas al singular imaginario visual que caracteriza al teatro de una nación teatral por excelencia.
Y hablando de imaginarios, ése es el ingrediente fundamental de Ay! Quixote, la puesta en escena del director de origen colombiano asentado en Suiza, Omar Porras, que ha entusiasmado tanto a los públicos europeos como desatado violentas reacciones por parte de la crítica internacional.
Finalmente, y aunque se anuncie dentro del terreno de la danza, hay que subrayar la presencia de la Schaubühne de Berlín. Refundado en 1970 por Peter Stein, Claus Peymann y Dieter Sturm, en un barrio obrero del antiguo Berlín occidental, este teatro, que en 1982 trajo al Cervantino
El enemigo de clase, revolucionó la estética del teatro alemán rechazando las condiciones de producción de los grandes teatros oficiales y adoptando una postura política radical sin menoscabo de su inteligencia. Pese a ello, cuando la Schaubühne cambió su sede (1986) a un edificio de la más alta tecnología y diseño, en pleno corazón de la ciudad dividida, la esclerosis hizo su fatal aparición. La reciente entrega de su dirección artística a la joven mancuerna integrada por Thomas Ostermeier y Sasha Waltz (la nueva gran figura del
tanztheater), evidenció el deseo de devolver al que se había convertido en “templo de las musas”, el espíritu crítico y provocador que le dio origen y que constituye uno de los capítulos esenciales del teatro de finales del siglo XX. ¡A la carga!