Como he mencionado ya, el Encuentro Internacional de Teatro del Cuerpo se ha convertido en todo un acontecimiento cultural para Querétaro. El aplauso que selló la función de White Cabin, del ruso Akhe Group, calentó como nunca al gélido teatro del IMSS en aquella ciudad insurgente.
El éxito y la continuidad de este proyecto formativo y de difusión radica, tal y como lo expresa Jorge A. Vargas, en una apertura hacia corrientes teatrales contemporáneas que rebasan con creces el genérico y a la vez restrictivo concepto de Teatro del Cuerpo.
Iniciado como un homenaje a Etienne Decroux, el Encuentro… descubrió pronto lo que hace tiempo era evidente en el teatro europeo: el fracaso de la utopía planteada por el maestro francés en cuanto al establecimiento de la “mima corpórea” como un lenguaje autónomo, con plena independencia con respecto a las artes del teatro y de la danza.
Carente de una amplitud lingüística que justifique tal independencia, el trabajo de Decroux y algunos otros renovadores devolvió al cuerpo, sin embargo, su lugar central sobre la escena y, como lo había propuesto Artaud, su capacidad para llegar a través de él a aquello que está más allá del cuerpo. Como sugiere otro gran maestro, Jacques Lecoq, la fisicalidad del teatro contemporáneo se depura rechazando los modelos que “parasitan aquello que el cuerpo debería transportar”.
Por lo demás, el devenir de las artes escénicas habría de contradecir los postulados puristas de Decroux afianzando a la impureza como una característica esencial del arte a finales del siglo XX. Así ha sido posible constatarlo en las teatralidades alternativas presentadas en México gracias a la labor de Teatro Línea de Sombra.
Fuera de los linderos habituales del teatro,
White Cabin constituye una intensa exploración de la imagen escénica y su interacción con otros discursos visuales y sonoros, mientras que los espectáculos del Jocelyne Montpetit Dance y
Miradas cruzadas dan claro testimonio de la “contaminación recíproca” que, desde hace treinta años, sucede entre la danza y el teatro. En sus talleres, que por desgracia no hemos podido confrontar con sus producciones artísticas, el grupo francés
Au cul du loup se interna en la musicalidad y las orquestaciones emanadas del cuerpo o del empleo actoral de objetos sonoros.