3. De cuando el racionalismo europeo topó con el caos local
Ya lo dije: si para muestra del teatro de Copi basta una obra, el resto de la jornada permanece demasiado parecida a sí misma. Frente al reiterativo discurso del autor (al interior de cada obra y de un segmento del Tríptico a otro), el espectador se entretiene confrontando las puestas en escena que ofrecen a la vista tres oficios y tres sensibilidades completamente distintas.
Para mal de quien se decide a participar de la jornada entera, la primera parte, Eva Perón, alcanza el punto más alto en términos de resultados escénicos. El último y definitivo coup de théâtre preparado por Evita, la delirante farsa de su propia muerte, es organizado con precisión por la directora francesa Catherine Marnas, quien antes escenificó en México Roberto Zucco. Amén de un discurso articulado, en términos de espacio, imagen y claridad del relato, la presencia de tres magníficos actores (Julieta Egurrola, Daniel Giménez Cacho y Enrique Arreola) le permite alcanzar momentos de brillantez escénica como las confrontaciones entre la febril Evita (Egurrola) y la Erinia que como madre (Giménez Cacho) le tocó en suerte.
Acaso hay que lamentar que la claridad racional de la directora no haya dejado espacios para la auténtica locura, apuntada, amén del griterío y el travestismo, en el inquietante autoencierro de Perón (Arreola) y su vibrante explosión en el himno fúnebre en memoria de su insufrible esposa.
Frente al tono enfáticamente teatral de
Eva Perón, Daniel Giménez Cacho juega, en
El homosexual o la dificultad de expresarse, con el regocijo en la sensibilidad popular, trasladando el sentido fársico a la parodia de un melodrama a la mexicana.