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"Ahora sí" -como acostumbra decir un colega veterano de la información teatral- se nos ha ofrecido el estreno de "el último éxito de Madrid". Los laureles, sainete en dos actos, el segundo dividido en tres cuadros, libro de Luis Tejedor y Luis Muñoz Llorente, partitura del maestro Federico Moreno Torroba, estrenado en Madrid, en el teatro Fuencarral, el 3 de junio próximo pasado. El viernes último, en la 2a. función del abono, cubierto en su totalidad por la colonia española residente en México, el maestro Moreno Torroba ofreció al público de México y de la susodicha colonia ibera residente, porque la otra, la formada por exiliados políticos no se para -con la sola excepción de don Indalecio Prieto- ni por equivocación en el Arbeu, de la primera representación de su última obra -último éxito de Madrid- Los laureles. |
razón el político teatrófilo Ángel Ossorio, cuando afirmó en su conferencia Gloria y ventura del género chico, sustentada en Buenos Aires hace cinco años y recogida después por Espasa-Calpe en sus tomitos de la Austral, que ya no había género chico. ¿Por qué? Don Ángel lo explica: "En la segunda decena del siglo que corre empezó a enturbiarse, no la afición, no la posibilidad, sino las realidades sociales que lo hacían viable. Las masas populares suspendieron la risa y se entregaron a una lucha entre creadora y soñadora, que representaban en ardua y recíproca pelea la Unión General de Trabajadores y la Confederación Nacional del Trabajo. En la tercera decena apareció en España la vergüenza de la dictadura que consumió siete años indignos. Durante ellos, nadie podía intentar hacer reír. Esta virtud la tenía monopolizada el dictador de España, al cual no aventajó nadie en tan raro menester, sino el deslumbrador Mussolini. En venganza del agravio sufrido el pueblo planeó la República, y en 1931 la impuso. Todo fue entonces ilusión generadora. Los gobiernos de ímpetu arrebatadísimo no se olvidaron de la zarzuela, y en el teatro lírico nacional la honraron y reverenciaron con representaciones magníficas de la grande y la chica. Estalló después la guerra. Todavía en Barcelona, visitada a diario por aviones alemanes e italianos, (se) creó en el Teatro del Liceo una temporada zarzuelera inmensa, presenciándose una representación de Doña Francisquita, entre el ruido de los aviones, sin que la orquesta ni los cantantes interrumpieran un instante la representación, ni una sola persona se moviera de su asiento". No la hubo durante muchos años, es verdad. Ahora, renace. Los laureles, partitura y libreto, forman la avanzadilla. |