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María Tereza Montoya -actualmente en gira por la América del Sur, se encuentra en Caracas- y Jacinto Benavente, residiendo en Madrid, han hecho declaraciones a periodistas cubanos. Muy interesantes las de nuestra compatriota, no lo son menos las de don Jacinto, por lo que conviene difundirlas para lección y ejemplo de autores jóvenes y de cómicos impacientes. Don Jacinto Benavente ha dicho al periodista Joaquín Aristigueta: "La juventud no sabe esperar; alinearse en filas, e ir paso a paso, haciéndose, madurándose. Tiene prisa y el medio más fácil de llegar es el del elogio mutuo. Cualquiera que escribe un artículo, es ilustre; si lee una obra, aún sin estrenar, es eminente. ¡Eminente! Había yo estrenado veinte comedias y no era más que el "conocido" autor; a lo más, el "aplaudido". Ahora cualquiera es eminente. Importa más colocarse, medrar, que perseguir ideales". Y ha añadido: "Los norteamericanos son niños que juegan con juguetes caros. Los hispanoamericanos tienen muchos recursos; si los saben aprovechar, serán grandes. Pero han de encontrarse a sí mismos, recordar quiénes son y cómo son: españoles. Porque no son pueblos nuevos, sino que tienen una historia, una civilización y una cultura milenaria sobre sí. La tierra podrá ser nueva, pero los hombres no. Quieren y odian como lo que son: como españoles: Con nuestra virilidad, con nuestras obcecaciones. Porque se nos dice que somos fanáticos, y no es cierto. El fanatismo es una exaltación de la razón, y nosotros no razonamos. Los hispanoamericanos tienen medios, materias primas intelectuales y espirituales, además de las materiales, para ser poderosos y continuar una grandeza tradicional. Ojalá sepan realizarla". |
En seguida explica su intervención en la política electoral, que culminó con la ayuda oficial para iniciar la gira que está realizando: "Cuando comenzó la campaña electoral en mi patria, en cada uno de los artistas mexicanos había un decidido partidario del candidato señor Alemán. Pero en lo colectivo no se había hecho manifestación alguna. Entonces mi esposo tuvo una entrevista con Jorge Negrete y Mario Moreno, que eran los máximos dirigentes de los artistas, y los convenció de la conveniencia de hacer pública su adhesión a la candidatura del que hoy es presidente de los mexicanos. El licenciado Alemán salió electo. Pasaron los primeros días de su mandato. Mi esposo y yo fuimos a saludarle y, hombre de excelente memoria, me preguntó: "¿Insiste usted en irse de gira?" "Sí, señor Presidente". "Una actriz como usted nos hace más falta en México que fuera..." Entonces le expuse con cuánto cariño había imaginado mi recorrido desde que él me había prometido ayuda oficial para la gira que ahora inicio, que comprenderá las Antillas, el continente, hasta Buenos Aires, España, Italia, Francia y, de regreso, Nueva York". En seguida entró en detalles: "En Italia representaré una obra española, Locura de amor, de Tamayo y Baus; una italiana, La sombra de Darío Nicomedi, y una mexicana, Linda, de Miguel Lira, que es de ambiente y sabor muy típicos de mi tierra. En Francia, con estas tres obras representaré Los padres terribles, de Jean Cocteau. En Nueva York, presentaré Deseo bajo los olmos, de O'Neill. Y en 1950, espero rendir mi informe a mi presidente, fabricar mi teatro en la ciudad de México, y retirarme. ¡Quiero retirarme en plenitud de mis facultades!" "¿Sería usted capaz de retirarse de la escena tan pronto?", le preguntó el periodista. "¡Sí", respondió la Montoya. "¿Está usted cansada del teatro?" "¡No, por Dios! ¡Ni pensarlo!" "Entonces, ¿por qué habla de retirarse?" "Porque sospecho que hay una gloria superior a la de recibir el aplauso diario de las multitudes: la del recuerdo". El periodista cubano refiere que, comediante magnífica, la Montoya "elevó el pecho en un suspiro, y aunque las palabras salían claras y precisas, vibraban temblorosas de emoción, de una emoción que le produjo una especie de llanto y de risa a la vez, al darse cuenta de que estaba hablando de retirarse..."
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