En un país donde el abandono de los esfuerzos precedentes es el lugar común en los “relevos” de funcionarios, mucho hay que agradecer a Luis Mario Moncada por retomar la vocación alternativa que Otto Minera imprimió a la programación del Centro Cultural Helénico.
Y hay que hacerlo porque la actividad escénica mexicana no puede darse el lujo de perder las pocas opciones que hacen frente a la rutinaria producción que caracteriza, por lo general (pero no de modo exclusivo), al teatro institucional.
Una nueva e interesante opción es el ciclo “Ópera Alterna” que se lleva a cabo en el Helénico durante los meses de agosto y septiembre e incluye tres producciones del género. La primera de ellas, estrenada ya en el también celebrable Festival de Música y Escena, es La muerte y el hablador de Leopoldo Novoa Matallana.
Menos aventurada que la partitura, que logra amalgamar los sonidos del ensamble de percusiones Tambuco, el cello de Bozena Slawinska, el Octeto Vocal y las voces de cantantes y actores, la escenificación de Mauricio García Lozano se establece en las permeables fronteras del lenguaje multidisciplinario que caracteriza a la ópera desde su origen.
Y lo hace así apoyándose en el discurso de Novoa que salta ágilmente entre el humor, el lirismo y (por qué no) una explicitez rayana en el panfleto, para enmarcar los desencuentros amorosos particulares en el contexto de la desilusión social y aun éste en el abandono de las relaciones del hombre con el universo.