Aún como coordinador del Centro Cultural Helénico y con apoyo del Fideicomiso para la Cultura México-Estados Unidos, Otto Minera emprendió un diagnóstico de la situación actual del teatro mexicano que deberá serle de gran ayuda en su nueva función al frente de la Coordinación Nacional de Teatro del INBA.
Cabe destacar que esta evaluación de nuestra actividad escénica contó con la asesoría de Lindy Zesch y Peter Zeisler, piezas fundamentales en el establecimiento del Theatre Communications Group, la asociación más importante de teatros independientes en los Estados Unidos y promotora de un envidiable proyecto editorial.
El dato es significativo porque permite vislumbrar la tendencia a reactivar, ahora desde las instituciones oficiales, la organización de teatristas independientes. De hecho, el propio Minera promovió recientemente una reunión en San Luis Potosí en la que quedó conformada una red nacional a la que se sumaron gustosamente distinguidos teatreros de varios estados de la República.
Como parte de ese proyecto, Marisa Giménez Cacho presentó los tres primeros números de una nueva publicación: Cuadernos de viaje/teatro. Se trata pues de un primer resultado visible, importante en tanto documento, de este esfuerzo cuyos logros habrá que esperar pero que de ninguna manera debe servir en descargo de la responsabilidad cultural del Estado mexicano.
A diferencia de los vecinos del norte, y como lo señala Larry Silberman en el tercer número de esta colección, México posee una importante infraestructura cultural y una tradición de subvención pública que envidian en muchos otros países del mundo. El modelo norteamericano, que enfatiza la autogestión, resulta engañoso pues, en contraposición a ellos, aquí carecemos de la tradición de mecenazgo privado y, dicho sea de paso, de una clase acaudalada y culta.