Desde entonces, la gran batalla de la escena mexicana ha sido la emancipación del viejo teatro español y la búsqueda de su propia voz; la identificación de sus escenarios con el espíritu de una nación. Una batalla que se llevó a cabo en algunos países europeos hace ya 450 años.
Bajo tales circunstancias, el crítico mexicano Antonio Magaña-Esquivel escribió, alrededor de 1950, algo que establece la rica interacción de lo global y lo local: “Cuando se ganó el habla a la mexicana en la escena, sobre la muy trillada ‘pronunciación’ a la española, quedó superado todo ello (la discusión entre nacionalismo y universalidad) en su parte fundamental y se hizo más nacional el teatro extranjero”.
Este hecho, por cierto, implica la necesidad de traducciones particulares del drama universal para cada región del mundo hispanoparlante.
(…) No obstante, la hegemonía cultural se repite a escala nacional. Reflejo de una vida centralizada, y bajo la influencia de la fisicalidad del teatro de los años 60 y 70, ninguna escuela mexicana de actuación incluye en sus programas el estudio de las variadas formas del habla y los acentos regionales.
Hasta años recientes, algunas manifestaciones teatrales de diversas partes del país, principalmente de la frontera con los Estados Unidos (y éste es un hecho muy interesante respecto a la resistencia cultural), han trascendido su carácter espontáneo y han logrado articular un lenguaje artístico complejo. Este teatro regional ha contribuido con su característica vitalidad a mostrar los múltiples rostros de una nación.
Un rostro, sin embargo, permanece invisible. Hoy día, cuando el reconocimiento de las culturas indias es uno de los puntos centrales en la agenda política, el fracaso para incorporar estas culturas al “laboratorio de la lengua y el gesto de una nación” se hace patente. Siendo el segundo país con más lenguas vivas (62, sólo después de India), el teatro mexicano ha sido incapaz aún de confrontar su prodigiosa diversidad…
(*) Extractos de la ponencia presentada en el XX Congreso Mundial de Críticos de Teatro AICT/IATC, Montreal, Canadá