Al aparecer esta nota, estarán iniciando en Montreal, Canadá, los trabajos del XX Congreso Mundial de Críticos de Teatro, convocado por la Asociación Internacional de dicha especialidad (AICT/IATC). Celebrado por tercera ocasión en el continente americano, después de México (1983) y Montevideo (1994), el encuentro coincide con la más reciente edición del Festival des Amériques.
Con bombo y platillo, o mejor dicho a tambor batiente, el festival bianual abre con una espectacular escenificación del Théâtre du Soleil: Tambores sobre el dique, de la que hablaremos próximamente y en la que participan tres actores mexicanos.
Característico de algunas teatralidades contemporáneas, el mestizaje de esta compañía, no sólo conformada por actores de múltiples nacionalidades sino que a lo largo de 35 años ha mezclado un repertorio universal con una estética prestada de los grandes estilos orientales, viene a colación con el tema que en esta ocasión agrupa a aquellos espectadores entregados al noble oficio de pensar el teatro.
Bajo el título “Las barreras del lenguaje”, la agrupación de críticos provenientes de más de cincuenta países emprenderá una jugosa reflexión sobre los confines de la palabra en el teatro y los medios específicos que permiten trascenderla.
Al iniciar el nuevo siglo, el casi centenar de críticos tratará de resumir un aspecto medular del arte escénico de la centuria pasada y avizorar sus perspectivas.
Evidentemente, el rechazo del racionalismo como forma de aprehensión del mundo, y su consecuente desconfianza en la palabra como medio primordial de comunicación, fue una de las características fundamentales de todo el arte de vanguardia.