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El notable grupo conocido por Ballet ruso de Montecarlo hace actualmente nueva temporada entre nosotros, en el teatro Iris. Esta es su cuarta visita a México. Lo conocimos en 1934, cuando se inauguró el Palacio de las Bellas Artes, con Leónidas Massine como primer coreógrafo. (Si los aficionados a este espectáculo se interesan en conocer algunos detalles de aquella memorable temporada, me permito remitirlos a mi libro Presencias de teatro, Ed. Botas, 1938). Por segunda vez vino el "Ballet ruso del Coronel Vasili Grigorievich de Basil" -así se llamó también a este grupo coreográfico- de 1941 a 1942. Por tercera vez visitó a México en 1946, y, por cuarta, ahora. |
Villoud y Fue una vez de Gustavino -argentinos-; La isla de los ceibos de Eduardo Fabini, uruguayo; Y-Kiu de Ricardo y Jesús Castillo, guatemaltecos; Yara de Francisco Mignone, brasileño, y Rodeo, ballet de "cow-boys", de Copland, norteamericano. Muy pronto incorporarán a su repertorio un ballet de Carlos Chávez, que ahora escribe en Acapulco. No es difícil que sea con temas de la Bamba. El paso de George Balanchine por este grupo coreográfico ha dejado profunda huella, porque el gran coreógrafo incorporó al Ballet ruso de Montecarlo muchas de sus mejores creaciones particularmente las obras de Stravinski, como Danses concertantes. Entre las por él incorporadas figuran El burgués gentilhombre, que fue estrenado en México el martes 20, y que gustó mucho, porque la coreografía de Balanchine interpreta con singular gracia el aire cómico de un episodio de la inmortal farsa de Molière -aquel de la boda del joven Cleonte con Lucila, hija del señor Jourdain-. Más que ballet, es teatro bailado, pero muy divertido, y... muy moderno, sobre todo en el "divertimiento", que consta de "pas-de-sep", lanceros, arlequinada y de una danza india. Los principales roles fueron bailados por Nicolás Magallanes, mexicano, gran bailarín; Peter Deingn, Michel Katcharoff, Marie-Jeanne, Gertrude Tyven. La música de El burgués gentilhombre es de Richard Strauss, y la obra fue dirigida por Paul Strauss. Figuraron al lado de esta creación coreográfica de Balanchine, el ballet ya clásico de Las Sílfides de Chopin, definido como "ensueño romántico en un acto, de Michel Fokine", que siempre se ve con gusto, y la Gaite Parisienne, de Ofenbach, creación coreográfica de Leónidas Massine, que la noche de la presentación -el lunes 19- constituyó el mayor éxito del programa, con El lago de los cisnes, de Tchaikovski, coreografía un poco deslustrada de Lew Ivanoff, y en el que también triunfó nuestro compatriota Magallanes -el príncipe Sigfrido-, al lado de la Danilova, de la Grantzeva, de Daniellan, etcétera. Para ligar la bella evocación de Las Sílfides chopinianas, se bailó El pájaro azul -divertimiento-, si no me equivoco, de Las bodas de la aurora, por Nathalie Krassovska y León Daniellan, que gustó mucho y fue aplaudidísimo. Menos gustado -en el programa de presentación- fue el ballet Las sombras de la noche de Cittorio Rieti, coreografía también de Balanchine, dirigido por Iván Boutnikoff en el que fueron muy celebrados la Krassovska, rusa; la Hoddard, brasileña, y Franklin, inglés. Como se ve, en el Ballet ruso de Montecarlo figuran bailarines de todo el mundo. Mejor así, porque el baile, mensaje de todos los pueblos, es como un gran jardín con flores de toda la tierra.
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