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El próximo centenario de Justo Sierra, sus versos poco conocidos a Angela Peralta y Enrique Tamberlick, en 1871

Armando de Maria y Campos

     El próximo centenario del maestro Justo Sierra -nació el 26 de enero de 1848, en la ciudad de Campeche, entonces perteneciente al estado de Yucatán-, viene dando motivo para recordar obras y hechos del educador insigne, historiador, poeta, y... gran aficionado al teatro en su mocedad. Como devoto de talla, camarada de autores y actrices, cantantes y actores, lo traigo a esta columna. Don Justo Sierra escribió para la escena, y vio representar en el teatro Nacional de México, el año 71, su comedia original Piedad, y un "croquis dramático" titulado Don Fernando el emplazado, escrito en colaboración con Enrique Olavarría; también escribió un monólogo: La sibila azteca, que creo perdido.
     El 6 de mayo de 1871 -Justo Sierra tenía "23 años entrados a 24", como se decía entonces-, hizo su presentación en el Gran Teatro Nacional nuestro, la Compañía de Opera Italiana de Ángela Peralta de Castera, figurando en ella, como primer tenor absoluto, el famosísimo Enrique Tamberlick, a los 20 años de cantar y en los 51 de su edad. La Peralta se hallaba en su apogeo, Tamberlick, punto menos que en la cumbre; los dos cantantes lograron un éxito clamoroso. La sociedad entera de México los colmó de agasajos, y los jóvenes participaron en muchos de los actos en honor de Angelita y Tamberlick. En casi todos intervino "el joven poeta Justo Sierra".
     En mi libro sobre Angela Peralta me refiero a esta temporada brevemente, y no menciono, sino de paso, los hechos que ahora traigo a esta crónica, hechos -y versos- que no han sido tomados en cuenta por los historiadores de nuestra escena.
     El 5 de junio los poetas y escritores de la época organizaron una "tertulia" en casa del político don Juan José Baz en honor de la Peralta y Tamberlick. Se leyeron versos, y Justo Sierra, a su turno, leyó la siguiente composición "A Angelita Peralta y Enrique Tamberlick", anunciada por él mismo como "improvisación":

     Que crucen ráfagas de aplausos y flores
     Las aves de paso, por la región del sol;
     Y mézcanse en su vuelo los pájaros cantores.
     Entre flotantes nubes de espléndido fulgor.
     Conviértase en incienso al paso del artista
     El hálito de un suelo fatal al invasor;
     Que aquí sólo tremola bandera de conquista
     El que sobre ella escribe talento y corazón.
     Entonces abre flores la tierra mexicana.
   Entonces se abre el alma en tregua de      emoción;

     Y madre del proscrito y del artista hermana,
     Con todos sus latidos levanta su canción.
     Entonces su oriflama magnífico de hazañas,
     Da sombra a los que vienen en nombre del       amor,
     Que do anidara el águila que vive en las       montañas
      Muy bien puede su nido colgar el ruiseñor.

     Dos días después, el 7 de junio, los escritores y poetas mexicanos ofrecieron a Tamberlick un "banquete campestre", en el Tívoli. Asistieron unas 70 personas, y entre otras, personalidades de la política, de la banca e industria: Guillermo Prieto, Romero Rubio, Cervantes, Iturbide, Torres Adalid, Rincón Gallardo, Payno. Hablaron políticos y poetas: Rafael Martínez de la Torre, Joaquín Velázquez de León, José María Iglesias, Ignacio M. Altamirano, Manuel Peredo y "el joven poeta Justo Sierra". Este leyó versos, son éstos:

     A ti que a los cielos, a ti que a la gloria
     Te abriste camino con voz celestial;
     A ti que hoy nos dejas grabada en la historia
     Con notas de estrella tu huella inmortal.

     Tu huella de triunfo que hoy brilla fulgente,
     Relámpago de oro que el sol alumbró:
     Relámpago de oro brotando en su frente
     Que a México en urna de luz convirtió.

     A ti te celebra con voz de profeta
     Y endulza su rabia el fiero aquilon;
     Yo doy al artista, el laúd del poeta
   Que lleva de un pueblo que tu alma      interpreta
     Un mundo de gloria, un gran corazón.

     El 30 de agosto Angela celebró su beneficio con El barbero de Sevilla, y como era natural, los poetas le ofrecieron versos. Para no ser menos, Tamberlick leyó un soneto de Justo Sierra, escrito durante la función en el camarín del tenor, y en el que se alude al personaje interpretado por Tamberlick:

     Buscó mi alma la tuya, tu Lindoro
     Penetra disfrazado a tu aposento,
     Fingiendo que amazaba el pensamiento
     Del verso hispano entre la linfa de oro.

     Fue mentida embriaguez: mas tu sonoro
     Canto de arcángel escuché al momento,
     Y embriagado de veras con tu acento
     Hace Almaviva al entusiasmo coro.

     Bendito ruiseñor que así conquista
     Gloria del arte en el sagrado culto;
     Aquí te traigo, huyendo de la vista.
    
     De don Bartolo y de mi torpe insulto
     Bajo del lauro fraternal, artista.
     El corazón de tu Lindoro, oculto.

     Rodeaban a la Peralta, en el escenario, los artistas de la compañía y los poetas que le habían dedicado versos. Vestía como en "Dinorah" y Tamberlick como conde de Almaviva. El público aplaudía. La Peralta se adelantó a abrazar a Tamberlick, que la besó en la frente, y, en seguida, "se volvió al joven Sierra y le estrechó la mano", señal de que agradecía los versos que acababa de recitar, de cantar, Tamberlick. José T. Cuéllar y Gustavo Baz, los más próximos al joven poeta, le abrazaron. En ese momento doscientos integrantes de varias bandas militares ejecutaron, sobre el escenario del Nacional, una estruendosa "galopa"...