El próximo centenario de Justo Sierra, sus versos poco conocidos a Angela Peralta y Enrique Tamberlick, en 1871 Armando de Maria y Campos |
El próximo centenario del maestro Justo Sierra -nació el 26 de enero de 1848, en la ciudad de Campeche, entonces perteneciente al estado de Yucatán-, viene dando motivo para recordar obras y hechos del educador insigne, historiador, poeta, y... gran aficionado al teatro en su mocedad. Como devoto de talla, camarada de autores y actrices, cantantes y actores, lo traigo a esta columna. Don Justo Sierra escribió para la escena, y vio representar en el teatro Nacional de México, el año 71, su comedia original Piedad, y un "croquis dramático" titulado Don Fernando el emplazado, escrito en colaboración con Enrique Olavarría; también escribió un monólogo: La sibila azteca, que creo perdido. Que crucen ráfagas de aplausos y flores |
Y madre del proscrito y del artista hermana, Dos días después, el 7 de junio, los escritores y poetas mexicanos ofrecieron a Tamberlick un "banquete campestre", en el Tívoli. Asistieron unas 70 personas, y entre otras, personalidades de la política, de la banca e industria: Guillermo Prieto, Romero Rubio, Cervantes, Iturbide, Torres Adalid, Rincón Gallardo, Payno. Hablaron políticos y poetas: Rafael Martínez de la Torre, Joaquín Velázquez de León, José María Iglesias, Ignacio M. Altamirano, Manuel Peredo y "el joven poeta Justo Sierra". Este leyó versos, son éstos: A ti que a los cielos, a ti que a la gloria Tu huella de triunfo que hoy brilla fulgente, A ti te celebra con voz de profeta El 30 de agosto Angela celebró su beneficio con El barbero de Sevilla, y como era natural, los poetas le ofrecieron versos. Para no ser menos, Tamberlick leyó un soneto de Justo Sierra, escrito durante la función en el camarín del tenor, y en el que se alude al personaje interpretado por Tamberlick: |
Buscó mi alma la tuya, tu Lindoro Fue mentida embriaguez: mas tu sonoro Bendito ruiseñor que así conquista Rodeaban a la Peralta, en el escenario, los artistas de la compañía y los poetas que le habían dedicado versos. Vestía como en "Dinorah" y Tamberlick como conde de Almaviva. El público aplaudía. La Peralta se adelantó a abrazar a Tamberlick, que la besó en la frente, y, en seguida, "se volvió al joven Sierra y le estrechó la mano", señal de que agradecía los versos que acababa de recitar, de cantar, Tamberlick. José T. Cuéllar y Gustavo Baz, los más próximos al joven poeta, le abrazaron. En ese momento doscientos integrantes de varias bandas militares ejecutaron, sobre el escenario del Nacional, una estruendosa "galopa"...
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