Estreno en México por la compañía de Ardavín de Ventolera de los Alvarez Quintero Armando de Maria y Campos |
No es aventurado afirmar que Ventolera, obra póstuma a medias de Serafín y Joaquín Alvarez Quintero, es la única comedia que de estos ilustres autores andaluces desconocía el público de México. Toda la obra quinteriana estrenada en España nos es conocida. Desde que en 1900 se estrenó en el Principal el entremés El chiquillo hasta muy avanzada la guerra en España, el nombre de los Quinteros no dejó de aparecer en nuestras carteleras. Supimos del estreno de Ventolera, al que ya no pudo asistir Serafín, y no nos faltan noticias de los estrenos de La giralda, zarzuela con aires de revista en tres actos (1939), de Fifín comedia casera en tres actos (1940), de Siete veces, entremés (1940), de ¿A qué venía yo?, entremés (1941), de Mañana de sombras, paso de comedia (1941), de Burlona, comedia en tres actos (1942), de Olvidadiza, comedia en tres actos (1942), de Azares de amor, entremés (1943), de La venta de los gatos, ópera con música del maestro Serrano (1943). Ventolera se estrenó en 1944. Y de dos guiones de película: El agua en el suelo y Tierra y cielo. Se habla de una comedia en tres actos, sin estrenar ni editar, titulada Manolita Quintero, de un poema dramático en tres actos, titulado Entre sueños, y de tres zarzuelas: Los burladores, El género chico y El poetilla, con música respectivamente de Sorozábal, de Benlloch y de Rivera, y de dos o tres entremeses. Lo cierto es que la última obra de los dos es esta Ventolera, que el sábado (6 de julio) estenó en el Ideal la Compañía de Fernández Ardavín, con María Guerrero López en la protagonista, la sevillanísima Tórtola Cisneros, a la que le da, primero, la "ventolera" de serle fiel a su difunto Manué, y luego, enterada de que fue un trapisondista que tuvo más amores que besos le dio en dos años de matrimonio, la de casarse con quien sea y como sea, para para vengar agravios, y, finalmente, la de convertirse, casada ya con su administrador, un sevillano nacido en Holanda, en madre de la hija desamparada del tunantón de Manué... ¡Tres ventoleras en tres magníficos actos del más puro sabor quinteriano, con personajes quinterianos, con situaciones, lenguaje y "golpes" que no chistes, de la más limpia vena quinteriana...
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Se elige un tema que brotó en la mente Se infunde luego, con amor consciente, Y a dialogar sin mañas ni resabios: Y a soñar con Ristóris o con Talmas, En otro soneto nos revelan los autores la magia de su alma unida: Nacimos entre espigas y olivares; Después... libros, y novias y billares, Fuimos... cuanta hay que ser; covachuelistas, Y hoy como ayer, sencillos escritores Autores andaluces -¡sevillanos!- por excelencia, los Quinteros gozaron siempre en México de una identificada admiración por su obra que entre nosotros se siente como nuestra. A pesar del tiempo terco... -que diría Rubén- el público de México continúa siendo "quinteriano". Una prueba; el sábado, al llegar al Ideal, me encontré con el empresario "de gastos", señor Lavergne, que buscaba por el pórtico con sus propios ojos, "que había cola para comprar boletos, como hacía muchos años no se veía en México". El "monstruo" acudía en tropel para oír, para ver, para sentir, la Andalucía de los Quinteros, cuya mísera materia se ha desintegrado ya, pero cuyos hombres figuran en sendas calles de Madrid, Sevilla, Murcia, Fuenterrabía, Utrera, su patria chica, y en una glorieta del parque de María Luisa sevillano, monumento a su memoria cristalizada en una fuente, materializada en una biblioteca pública... |