La falta de continuidad y de proyectos a mediano o largo plazo ha impedido, en nuestro medio, el desarrollo de estéticas o tendencias teatrales que establezcan un contacto contundente y progresivo con un tipo particular de espectador.
En el mejor de los casos, el ejercicio crítico podrá esclarecer constantes temáticas y estilísticas en determinadas individualidades (autores, directores y algunos escenógrafos). Siendo el teatro un arte colectivo, estos creadores enfrentan una y otra vez la incomprensión de sus propios colaboradores y –¿por qué no?– de observadores y analistas.
En el caso de los actores, la idea de un intérprete eficaz en cualquier ámbito ha terminado por engendrar una legión de trabajadores, sujetos a la oferta del mejor postor, cuyas deficiencias se manifiestan en proporción directa a la exigencia del medio o del producto específico.
Por ello, la iniciativa de Teatro Línea de Sombra representa una auténtica bocanada de aire puro en un medio regido por la generalidad y la inmediatez. A través del Encuentro Internacional de Teatro del Cuerpo (cuyas últimas dos ediciones hemos comentado aquí), sus impulsores, Jorge A. Vargas y Alicia Laguna, mantienen el diálogo con el gran teatro del mundo y estimulan la formación de especialistas.
A esta segunda función, el riguroso entrenamiento de actores capaces de cultivar una poética corporal, se han abocado con la apertura del Diplomado en Teatro del Cuerpo que llevan a cabo gracias a la hospitalidad del Centro Cultural Helénico.
Por su parte, los vasos comunicantes con el teatro del mundo se han extendido al terreno de las publicaciones. A instancias de Teatro Línea de Sombra, la magnífica colección “El apuntador” (El Milagro/CNCA) suma ahora a sus títulos un libro de extraña y cautivante belleza: Palabras sobre el mimo, de Etienne Decroux.