Por momentos, incluso, la imagen se impone gracias a su extraordinaria síntesis visual, como en la escena del aeropuerto donde las líneas de luces azuladas, que invitan a la fuga, contrastan con la violenta e impositiva brillantez de una barra de luz blanca.
La estética de Wilson, que privilegia la visión interior a través del espacio vacío, las formas minimalistas, en donde cada elemento exige una alta estilización (la silla, ese elemento esencial en su peculiar iconografía, ha llegado aquí a no ser sino una silueta equivalente a las figuras perfiladas frente al ciclorama), se relaciona plenamente con la mitología ancestral que sirve de refugio a los personajes de El maleficio de los jacintos. Es por ello que las apariciones de Tiatin, amén de las dotes de la cantante (Bonita Hyman), resultan lo más atractivo de la puesta en escena.
No sucede lo mismo con las escenas de prisión, donde la sofisticada “estética del design” es tan ajena a la postura política abierta, al llamado a la liberación social. Convertidas en movimiento y lucha interior, estas escenas se estancan por la falta de contundencia en la gestual de los personajes. Para quien ha visto a Wilson representar, es evidente que todos los cantantes imitan las actitudes corporales del director.
Y aquí una clara diferencia con las obras mayores de Robert Wilson, aquellas donde el movimiento, codificado por coreógrafos como Lucinda Childs o Suzushi Hanayagi, es también una síntesis y una meticulosa disección del comportamiento y las motivaciones de sus personajes; donde el lento y detallado devenir es el camino para conseguir un ritmo interno; no un mero manierismo.
El calificativo no es gratuito. Desde el fin de su riquísima etapa experimental de los años setenta y principios de los ochenta, los espectáculos de Wilson –como buen artista plástico– se realizan en serie. Los hay que pertenecen a grandes series. No así aquellos que se han visto hasta ahora en México; y que seguiremos viendo, pues en su página de internet ya se anuncia su monólogo de
Hamlet para el próximo Festival Cervantino.