Dos reposiciones españolas y un estreno italiano o de El gran galeoto a Roberto murió en la China pasando por La casa de la Troya Armando de Maria y Campos |
Todavía vive alguien que asistió al estreno del drama de José Echegaray El gran galeoto, que el sábado 23 de noviembre de 1946, subió a la escena del teatro Fábregas a petición y empeño del joven actor español Armando Calvo, huésped de la Compañía de María Tereza Montoya. El joven actor galán Calvo logró recientemente en Madrid un éxito interpretando el Ernesto de la en su tiempo celebradísima pieza de Echegaray, y quiso repetirlo en México. Casi se contrató con la Montoya para hacer El gran galeoto, y se salió con la suya de que el público mexicano le viera, admirara y aplaudiera en la todavía discutidísima pieza, cuyo protagonista, a decir verdad, saca con mucho brío y coraje, y es prueba de lo lejos que llegará en su carrera de actor espectacular, si no se tuerce o malogra. Pero, ¿qué le interesa ahora al público de México? Porque tampoco le llamó la atención la reposición de La casa de la Troya por la compañía que hasta hoy o mañana dirige el joven actor José Cibrián. Puesto que para muchos es nuevo el título, habré de recordar que se trata de la escenificación por el gran comediógrafo gallego Manuel Linares Rivas de la magnífica novela de costumbres estudiantiles gallegas del escritor, también galaico, Alejandro Pérez Lugin, del mismo título. |
Se estrenó La casa de la Troya en España cuando sus dos autores se hallaban en la cumbre de su popularidad, a principio del año 1919, y a mediados del mismo -como era entonces costumbre en México- la estrenó alguna compañía de las que actuaban en la metrópoli. En el Ideal dirigía la suya, con María Tereza Montoya como primera actriz, el notable actor gallego, hecho entre nosotros, Julio Taboada. Recuerdo el estreno, el 19 de agosto de ese año, con éxito para Taboada y Julio Rodríguez, primer galán de la compañía y también gallego, en los dos estudiantes Barcala y Gerardo, para María Tereza en el "encantiño" de Carmina, para Lola Tinoco, para don Antonio Galé... La última obra de la temporada relámpago de Pepita Serrador en el Ideal fue la muy bonita -un si es o no es pirandellana o, por lo menos, chiareliana- de Nicolás Manzari, autor italiano popular tanto en Italia como en la Argentina, titulada originalmente También los poetas mueren, y en la versión o arreglo de la acción en Buenos Aires de Ceferino R. Avecilla, Ricardo murió en la China. Muy bonita y entretenida, ya que ni siquiera aspira a inquietar, reduciendo sus pretensiones a divertir cordialmente con un asunto que empieza muy bien, envuelto en transparentes velos de misterio, para conformarse con lo que los españoles del siglo pasado definían, sin compromiso teatral o literario, como "juguetes cómicos"...
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