En términos generales, toda política cultural, por noble y bien intencionada que sea, debería estar atenta a la realidad. En el caso de los estados -da pena reconocerlo-, las iniciativas institucionales suelen rebasar la madurez y la capacidad organizativa de los teatristas locales, haciéndolas fracasar.
Por ello, la función principal de las dependencias oficiales debería ser el reconocimiento y estímulo de los espacios sensibles de nuestro teatro (más allá del éxito inmediato de un espectáculo), aquellos que mantienen un contacto vivo con “su” público (la cantidad no puede ser el único criterio) y la conciencia del oficio.
En estos casos, la principal encomienda debería ser garantizar la continuidad, fomentar, en un arte colectivo como lo es el teatro, la pervivencia de grupos de trabajo.
El FONCA y los Fondos Estatales tienen ahí una asignatura pendiente. En primer lugar, tendrían que reconsiderar la absurda jerarquización inicial que respondió a claros intereses patrimonialistas y que, en México, habría hecho de Peter Brook un intérprete y de Sir John Gielgud un ejecutante, mientras cualquiera que escribe dos líneas podría ser considerado un creador.
El asunto quedaría resuelto al reducir sustancialmente los estímulos otorgados a creadores individuales (incluido el SNC) y aumentar en proporción directa aquellos destinados a la producción o al trabajo de grupos y colectivos teatrales.
Para garantizar la continuidad, los Fondos podrían establecer apoyos de 1 a 3 años (2 o más producciones), renovables de acuerdo al éxito conseguido, estableciendo criterios que combinen prudentemente el juicio económico del público con el de críticos y especialistas. El modelo francés puede ser el referente.
Otra exigencia que goza de consenso es acabar con los apoyos discrecionales, a voluntad de un funcionario que se considera dueño de los recursos. Desde luego, para hacer efectiva esta demanda, la propia comunidad tendría que terminar con la lamentable costumbre de ir a pedir por fuera de los cauces institucionales o a través de chantajes públicos.