De cara a las enormes expectativas (para bien y para mal) que el cambio de poderes y partidos ha generado en el ámbito cultural, convendría señalar la pervivencia de una fe supersticiosa en las transformaciones ejercidas desde la cúpula del poder y la falta de atención a las costumbres personales que reproducen a escala pública o privada la herencia nacionalista, revolucionaria e institucional.
En pocos sectores, por desgracia, se manifiesta tan claramente esta tendencia como en “la comunidad artística e intelectual”, aquella que debería ser la conciencia crítica y el sector “progre” por excelencia.
Frente a la ausencia de un proyecto cultural mínimo –es cierto- para el futuro gobierno, se reproducen vergonzosamente los tradicionales oportunismos de destapes, cargadas y autodestapes, mientras se desdeñan suspicazmente nuevas formas y propuestas para la política cultural.
A juzgar por algunos ejemplos recientes, en el caso particular del teatro, además, seguimos alimentando una estética cuya visión de identidad corresponde exactamente a aquella promovida por los gobiernos posrevolucionarios y que, por lógica, complace a un público amplio.
Por ello, y por no haber podido participar en la segunda parte de la Consulta Cultural, someto a discusión (en ésta y la próxima entrega) algunas políticas y acciones concretas para el teatro durante los próximos seis años.
Por lo que toca al INBA, existe ya consenso sobre la urgencia de reducir el aparato burocrático para aplicar el ahorro directamente a la creación y su difusión masiva. En el caso del CITRU, convendría aplicar esos recursos al pago de investigaciones específicas y a la realización de publicaciones libres de la maraña administrativa.
En cuanto a sus producciones, habría que combatir la retórica nacionalista, la grandilocuencia demagógica, desaparecer el membrete CNT (la compañía desapareció realmente hace muchos años) y, ya que la UNAM enarbola las banderas del clasicismo y el ICCM continúa obsesionado con los griegos, recuperar el espíritu del Centro de Experimentación Teatral: elenco razonablemente estable, apuesta por la contemporaneidad, riesgo artístico. En términos generales, promover la excelencia como principio para el teatro subvencionado.