Trayectorias distintas e inseparables, los fructíferos pasos por el teatro de Ignacio Retes y Vicente Leñero constituyen todo un capítulo de la historia de este arte en nuestro país.
Anterior en el tiempo, el actor y director Ignacio Retes había fundado en 1946 el grupo experimental La linterna mágica y había incursionado en la incorporación de los bajos fondos nacionales como materia inaplazable de una dramaturgia mexicana que por esas fechas adquiría su mayoría de edad.
La madurez de un público incipiente, sin embargo, no estaba preparada aún para un ejercicio autocrítico que incluyera aquellas franjas de la realidad social representadas en El aria de la locura o en El cuadrante de la soledad, la obra que para desgracia del teatro significó el reencauzamiento del talento dramático de José Revueltas hacia otros medios de expresión.
El teatro mexicano tendría que aguardar una larga década para la irrupción escénica de una zona soslayada de la vida urbana, con sus formas características de comportamiento y con un ríspido manejo del lenguaje hasta entonces ausente de los escenarios.
Ignacio Retes, el precursor, estaba ahí para otorgar carta de ciudadanía teatral a Los albañiles de Vicente Leñero. La mancuerna creativa, como es bien sabido, sería uno de los polos medulares del teatro de los años setenta.
Por diferentes vías, pero casi de manera simultánea, Retes y Leñero anunciaron, hacia el final de los noventas, su retiro de la actividad teatral para concentrarse, ambos, en las formas narrativas.
Unos años después, para beneplácito de nuevos y viejos espectadores, están juntos una vez más en la escenificación de Hace ya tanto tiempo que realiza temporada los fines de semana en Casa del Teatro.
Hombre de teatro como el que más, Retes retoma la dirección de la obra producida en 1990 por el Centro Andaluz de Teatro y, sabiamente, se coloca esta vez al lado de Raquel Seoane como actor protagonista.