A unas semanas de la muerte del dramaturgo, director y creador de instituciones teatrales, Héctor Azar, el Centro de Arte Dramático, A.C. ha emitido un boletín en el que se asegura que la mejor forma de rendir homenaje a su fundador será continuar con las labores que éste había previsto.
Infatigable generador de espacios para el desarrollo del arte escénico, Azar, el pensador, sucumbió a la desesperada ambición de tantos hombres de teatro por establecer un método o sistema que contrarreste la efímera naturaleza del arte al que entregaron sus vidas. En la hermosa casona de Centenario y Belisario Domínguez, hizo convergir su último andamiaje institucional con su particular manera de concebir y ejercer el hecho teatral: CADAC.
Las vicisitudes de la vida independiente, como ahora comprueban otros forjadores del tres veces H. teatro universitario, colocaron al CADAC en la nada desdeñable posición que hoy ocupa como La Meca del teatro amateur. La húmeda sombra de su patio, la calidez de su biblioteca, aún respiran la atmósfera amorosa que esa palabra encierra.
Tras la huella iniciática de Teatro en Coapa, Azar, el “informador”, apostó por el semillero de aficionados limpios y abiertos a las “señales” sistematizadas por él. El ámbito de la técnica, sin embargo, es justamente lo que distingue al profesional del aficionado. El sistema propuesto por Héctor Azar no ha tenido, por tanto, un efecto directo sobre los escenarios mexicanos.
Todo lo contrario ha sido su práctica. Como en el caso de todos aquellos que vanamente pretendieron establecer un método que trascendiera su tiempo y su estética, Azar, el Zoom Theatrikon, vive después de la muerte en la enseñanza permanente de su ejemplo.