Después de largas semanas de intensa búsqueda, por fin las autoridades irresponsables han dado con el paradero de la banda comandada por el peculiar delincuente Enrique Arreola, mejor conocido entre nosotros como El Mai y buscado por la intersogem bajo el cosmopolita disfraz de Mack the knife.
Víctima del desalojo, la pandilla de subversivos ha sido arrojada de las cálidas arenas del Granero a las inclementes mazmorras de un antiguo teatro cuya céntrica orientación no compromete sin embargo su carácter inexpugnable.
La peligrosa asociación, que se presume asesorada intelectualmente por Erando González, alias El Música, había sido acusada por el asalto a un centenar de cajas. De hecho, sobre el escenario del Granero, los únicos restos encontrados fueron algunos esqueletos de cartón con el sello “Pascal & Cía.”.
El último escándalo, entre los innumerables crímenes que se le atribuyen a los cabecillas del divertido cartel, fue provocado por el despojo que El Mai, también conocido como El Puñal, cometió, incitado por González, en perjuicio del prestigiado hampón Bertoldo Navajas, quien a su vez había despojado a otro puñal, John alias El Gay.
A la comisión del delito mencionado habría que añadir el agravante de la premeditación, pues consta en los archivos que El Música había participado ya, en el lejano año de 1986, en un fallido intento por tropicalizar la así llamada Opera(ción) de los mendigos bajo la guía del entonces jefe supremo, José Caballero, alias El P.P..
A los ojos de los expertos, es evidente que el autor intelectual del atraco ha masticado durante casi quince años el plan de asalto, equivalente a una lúdica partitura impregnada de color local y ejecutada con brío y maestría por sus compinches Nelson Gallardo, Ernesto Anaya, Omar Ortiz, Juan Cisneros y Moisés García.