“Algo está sucediendo en Aguascalientes”, anunciamos en esta columna al reseñar la actividad de la pasada Muestra Nacional de Teatro. Y, en efecto, algo interesante está sucediendo en el centro geográfico de nuestra república teatral.
La efervescencia creativa hidrocálida puede percibirse en la intensa actividad de los teatreros locales y en la presencia de un grupo de jóvenes y talentosos actores que se enriquece año con año a través de las generaciones egresadas de la escuela especializada con sede en el Centro Cultural Los Arquitos.
Sin embargo, hasta ahora los hacedores del teatro habían carecido de la confrontación y verificación sistemáticas de su trabajo con el espectador, ese testigo imprescindible sin el cual toda representación corre el riesgo de no ser sino un simulacro. Las “temporadas” no rebasaban las cuatro o cinco funciones y, por tanto, los actores se enfrentaban a un público compuesto mayoritariamente por espectadores conocidos y presumiblemente menos exigentes.
Para fortuna del oficio actoral, que se pule día a día con la necesidad de hacer vivir a la criatura escénica, y de las propias obras que se ajustan y retroalimentan con la respuesta del espectador, los teatristas y las instituciones culturales han dado un paso importante ampliando el tiempo y, por tanto, el público asistente a estas temporadas.
Actualmente, y en muy diferentes ámbitos, la ciudad de Aguascalientes ofrece dos espectáculos teatrales realizados con todo profesionalismo: Bajo tierra de David Olguín y La noche de los asesinos de José Triana.
Bajo tierra, puesta en escena por la directora huésped Sandra Félix ,forma parte del Programa Nacional de Teatro Escolar que ha tenido ya tres exitosas ediciones, desde el punto de vista artístico y organizativo, en Aguascalientes.