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La misma noche que Luis Sandrini se presentó en el Arbeu, al frente de su compañía cómica para estrenar Cuando el diablo sopla, pisó por primera vez la escena profesional una joven cantante y actriz mexicana, la señorita Isabel San Román, con la zarzuela del maestro Amadeo Vives Los bohemios. A pesar de su fragante juventud, la señorita San Román, que posee bella figura y una enorme afición por las cosas del teatro y sus derivados, como el cine, pues apenas cuenta veinte años, es protagonista de breve historia. Ha cantado en la radio como Angela Peralta, durante aquella horrenda serie radiofónica que se transmitió al través de la XEW sobre La vida de Angela Peralta, en la que su autor demostró enciclopédica ignorancia sobre la vida y el arte del insuperable e insuperado Ruiseñor mexicano, pero que sirvió para que la señorita San Román diera un repaso, es decir, repasara una estimable cantidad de trozos de ópera, como si fuera Angela Peralta. Lo natural es que la reclamara el cine, como así fue, sólo que sin darle crédito, pues su nombre no ha aparecido en los repartos, ni como cantante, sino como mujer bonita, que no habla, ni baila, ni canta. * * * En el mismo teatro se celebró el sábado pasado una función a beneficio de la tiple cómica característica, Amelia Wilhelmy, organizada con la mejor buena voluntad por algunos elementos que escriben de teatro en revistas semanarias. No acudió el público porque el cartel no fue combinado con fortuna, y el beneficio resultó nulo. En cambio, los artistas que en honor a la beneficiada acudieron a animar el desairado espectáculo, sí fueron muy aplaudidos, en particular los que no estaban anunciados, como la vedette argentina Libertad Lamarque, espectadora en una platea e invitada a cantar, cosa que la gauchita no podía negar en circunstancias tan comprometidas, y el veterano actor vernáculo Leopoldo Beristáin, que será beneficiado con el mismo fin y propósito a fines de esta semana en el Lírico, al que aconsejamos que después de haber visto pelar las barbas de su vecino, eche las suyas a remojar con un buen programa de atractivos, quien habló con conmovida amargura del triste final de los actores que no saben guardar para la vejez. * * *
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Otra nota a cuenta de la rápida, afortunada temporada de género lírico que se desarrolla en el Fábregas, es la dada con el reestreno de la ópera española de Penella El gato montés, sábado y domingo, par de taquillazos, cantados en cualquier temporada de esta índole, a condición de que se cuente con cantantes que sepan sacarla adelante. Esta vez cantaron la espectacular partitura de Penella, Josefina Meca, el barítono Jesús Freyre, el tenor Víctor Manuel, la bella tiple cubana Margot Tarraza, que puede salir de esta temporada hecha una artista del género si sabe cuidarse y administrar sus magníficas facultades, Víctor Torres y Manuel Castell. La pericia de Antonio Palacios como director machucho en todos los géneros teatrales, sorteó admirablemente dificultades y trucos que dan vida y movimiento a la anécdota taurina, y ni quien extrañara los caballos de los picadores, que, en El gato montés, equivalen a las apariciones de doña Inés y don Gonzalo en el Don Juan Tenorio. * * * Después de estrenar una vieja comedia de Pablo Parellada -a estas alturas cualquier pieza de Parellada, de Eusebio Blasco, de Vital Aza o de Ramos Carrillón, tiene auténtica categoría de estreno-, la compañía de las "hermanitas" Blanch, estrenó -también puede considerarse un estreno- una comedia derivada del francés, de Federico Reparaz, la titulada Pobre papá.
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