Se alza el telón
Esperando a Godot
En la dirección de Javier Díaz Dueñas, esos dos seres de ninguna parte y de todas partes, anclados en el corazón del mundo, en un paisaje lunar, bajo un árbol esquelético... [Pie de foto, N. del E.]
por Malkah Rabell
Si bien para los especialistas el "Teatro del Absurdo" empieza a ser ya envejecido y gratuito, para el público mayoritario, para todos aquellos que hace 10 años en México noasistían a espectáculos escénicos, esapenas una novedad. Una novedadque no les resulta tan difícil de entender como en la época de su aparición. Tuve ya varias oportunidades de comprobarlo. Durante la II Muestra de Teatro de Provincia, subió a escena la obra de Ionesco: Las sillas. Los especialistas y profesionales, la criticaron, considerándola inoperante a estas alturas del siglo XX. En cambio el público que llenaba la sala del Instituto Potosino del INBA, la escuchó en un silencio religioso y respondió al impacto con una verdadera ovación. Actualmente en la Carpa Geodésica se presenta los domingos por la noche, la pieza de Beckett Esperando a Godot, y el público aunque reducido, recibe igualmente esa primera obra dramática de Beckett con una salva cerrada de aplausos. Hace 3 décadas, las características del Anti-Teatro: ausencia de tema, de acción, de psicología y conflicto, se le hacía muy difícil de asimilar a un auditorio neófito. Hoy, semejante auditorio ya se acostumbró a tales rasgos por encontrarlos a menudo en la dramaturgia contemporánea. Además, es cierto que Esperando a Godot ya resulta una obra clásica, y aunque el teatro del absurdo pase de vanguardia a retaguardia, esta pieza de Beckett quedará para siempre en el repertorio de todo teatro que se respeta.
En la puesta en escena de Francisco Javier Díaz Dueñas en la Carpa Geodésica, el espectáculo resulta sencillo, hasta demasiado sencillo, aunque es conveniente no cargar con hallazgos ese género, por ser ya bastante complejo el texto. Pero el misterio que es algo inherente a la atmósfera beckettiana ha desaparecido. Y casi nos parecía natural encontrarnos con esos dos hombres, Estragón y Vladimir que esperan a un ser enigmático, Godot. Beckett mismo considera tonto encontrar cualquier semejanza de Godot con Dios. No obstante no puedo escapar a la tentación de hacer
semejante paralelo y recurrir al cálculo algebraico: Godot=Dios. Y al fin y al cabo ¿a quién esperan con tanta desesperación y tanta esperanza Vladimiro y Estragon, sino a Dios? ¿Y qué otra cosa que un representante de Jehová puede ser ese muchacho mensajero de Godot, quien a la pregunta de Vladimiro: ¿Y Godot te pega?", responde: "A mí, no, pero a mi hermano sí". "¿Y qué hace tu hermano?" "¡Cuida ovejas!" ¿No es una extraña semejanza con Abel y Caín. Caín cuidaba ovejas y a Caín Dios sí le pegaba.
En la dirección de Francisco Javier Díaz Dueñas esos dos seres de ninguna parte y de todas partes, anclados en el corazón del mundo, en un paisaje lunar, bajo un árbol esquelético, fuera del tiempo y del espacio, esos dos vagabundos, Vladimiro y Estragón, no nos angustian ni nos oprimen. Ellos, y todo en torno de ellos, y hasta la aparición de Lucky y Pozzo carece de misterio. Es cierto que el director con mucho respeto nada cambió al texto. Pero no supo crear o no quiso crear la atmósfera de angustia, el clima de misterio que casi se volvió naturalista. A todo lo largo de la representación nunca apareció un fuerte impacto.
En cuanto a los intérpretes, Francisco Javier Díaz Dueñas, como Estragón, Francisco Galán como Vladimiro, Pedro Romo como Pazzo, y Raúl Díaz como Lucky y Eleazar Molina como el muchacho sin nombre, todos estuvieron muy correctos en sus respectivos papeles, y hasta a veces conseguían momentos de fuerza dramática, como Pedro Romo en su monólogo del segundo acto. Todo el conjunto se distinguía por la limpidez de las voces y la claridad de la dicción.
Muy pocas oportunidades hemos tenido de presenciar la puesta en escena de Esperando a Godot en México. Su única representación profesional fue hace unas dos décadas -o más- bajo la dirección de Salvador Novo y la actuación de Carlos Ancira. El actual montaje de esa pieza de Beckett en la Carpa Geodésica puede considerarse como una empresa valiosa, digna de ser presenciada, sobre todo por un público joven.
Galileo Galilei, original de Bertolt Brecht y puesta en escena por Goycolea, mantiene el interés del espectador a lo largo de las tres horas que dura su presentación. A pesar que para sus 53 personajes el director únicamente contó con un solo actor de cierta experiencia; éste logró un excelente trabajo. [Pie de foto. N. del E]
"Galileo Galilei"
o el Antihéroe
por Malkah RABELL
No es poco ambicioso el espectáculo que en el lejano teatro Legarla montó el joven director Eduardo Goycolea, con una de las más difíciles obras de Bertold Brecht: Galileo Galilei. Puesta en escena para la cual el director carecía de los elementos más imprescindibles: escenografía, vestuario y actores profesionales. Para sus 53 personajes, Goycolea contó con un solo actor de cierta experiencia histriónica: Alejandro Rábago, quien en el desempeño del protagonista; sin llegar a grandes alturas dramáticas, supo darle a ese genial sabio italiano con la mente siempre en el universo de las galaxias, pero con los pies en la Tierra, su carácter multifacético de anti-héroe, figuras a quienes Brecht fue tan afecto. Rábago, urrattor joven que ya promete mucho, pero a quien le falta madurar. Tampoco es sencillo, sin maquillaje, dar a su protagonizado las múltiples facetas, tanto i.isicas como anímicas, los múltiples cambios debidos a los años que pasan y de las circunstancias que varían, desde el joven Galilep que empieza su lucha contra milenarios prejuicios, hasta el anciano que termina su vida en una cárcel sin rejas, pero donde cada uno de sus pasos y cada una de sus expres'ones ya escritas, ya orales, quedan controlados por los hombres de la Inquisicien, al servicio de quienes se halla hasta su propia hija.
Ora repleta de tecnicismos científicos, que hace admirar la capacidad de Brecht por asimilar el mundo de su protagonista en toda su profundidad de matemático, físico y astrónomo, tratando de transmitie al público tanto la época histórica —siglos XVI y XVII—, como los conocimientos que en ellos imperaban. Mas, para el espectador NO idóneo se nace muy complejo asimilar a su vez ese mundo galileo-brechtiano, y no me parecía nada raro que tanto el público como.los actores contaran con numerosos estudiantes de esas ,materias.
Y no obstante, pese a las dificultades por introducirse en ese universo vedado para nosotros tanto por el constante juego de las teorías científicas coetáneas como por la falta de acción, había en el transcurso de esas tres horas de representación, mu
chos episodios que nos atraían, nos intere• saban y nos mantenían presos en su eptbrujo dramático. El ritmo de la representación nunca decaía, nunca se arrastraba, le-se a lo cual los actores pronunciaban sus parlamentos con toda claridad, sin aprelurarse, y entre los 17 intérpretes (que no puedo citar por temor de equivocarme, ya que no sé quién es quién), había algurips que tenían una dicción perfecta.
Mucho ayudaba a mantener el interés y la comprensión del espectador las bellísi-, mas transparencias que en el fondo del escenario se proyectaban en tres distintas pantallas, que formaban casi toda la escenograféa, Aun cuando a veces estas proyecciones desviaban la atención del auditorio, nc sólo por su estética, sino por la sugerencia de ideas políticas que tal vez no estabp n en la mente del dramaturgo. Brecht sin duda alguna ha sido un hombre militante de ideología comunista, Pero se me hace muy Cifícil creer que Brecht trató de insinuar una semejanza entre Galileo y Eeins" , entre la bomba atómica y las leyes de gravedad. Hay una enorme diferencia, una gran distancia entre el destino de a
hombres, así como entre sus respec
teorías científicas. Pero, tal vez la tesis de Galileo que consideraba la Tierra como astro entre muchos otros en el firmamento, cra en aquella época tan grave para las creencias teológicas y logró tanta destrUccien mental como la bomba atómica 'en el campo de la vida humana en la actualidad. Las teorías de Galileo fueron tan des.. tructivas en su tiempo como la bomba atómica en la actualidad. Fero se me hace que Brecht pensó menos en esas semejanzas científicas abstractas, como lo sugiere cl director, sino que más bien pensaba en algo político, muy diferente: la Inquisición, que obligó a Galileo a abdicar de sus ideas, sigue vigente en el mundo actual aunque tenga nombres distintos. Y si Brecht presenta a su protagonista como- el anti-héroe, es porque Brecht también considera que más vale vivir oscuramente y ser útil, que morir en la gloria, sin servir a nada. Lo que traducido al lenguaje de la Biblia, significa: "Más vale perro v i % o que león muerto".
GALILEO DE GALILEI, ORIGINAL DE Bertolt Brecht y puesta en escena por Goycolea, mantiene el interés del espectador a lo largo de las tres horas que dura su presentación. A pesar que para sus 53 personajes el director únicamente contó con un solo actor de cierta "xperiencia; éste logró un excelente trabajo.