Resaltar búsqueda

 

 

Se alza el telón

 

Teatro sin palabras: La pantomima de Milan Sladek

por Malkah Rabell

¿Será debido al cansancio que la palabra provoca en muchos espectadores, será debido al ansia de ver actores mudos, mimos, que el público colmó la sala del Jiménez Rueda la primera noche de la presentación del Teatro de Pantomimas, de Colonia, Alemania? Porque realmente impresionaba la saturación de la sala. Había espectadores hasta en los pasillos, sentados en las escaleras, y desde la tarde la taquilla ostentaba el consabido letrero: "Agotadas las localidades"

Los mimos no abundan en México, En realidad no abundan en ninguna parte, y para quienes aman este género se hace bastante dificil asistir a esta clase de espectáculos. Tampoco abundan los mimos de prestigio. Y fuera de Marceau, ningún nombre llegó a traspasar los limites nacionales, imponiéndose internacionalmente. Según parece, Milan Sladek, eI director y fundador de este Teatro de Pantomimas alemán que, nos visita, ya inició su conquista de Europa, que trata de culminar con una gira por América Latina.

El espectáculo de Milan Sladek y de sus 3 colaboradores: Isidoro Fernández, Lorraine von Gehier y Alf Goebel, aunaba a la pantomima "pura" algunos otros elementos como el arte titiritero, las máscaras y sobre todo la cámara negra, cuyas posibilidades hemos conocido en México en el Teatro Negro de Praga. También Milan Sladek es checoslovaco, del país que ha dado las más. brillantes muestras de teatro de muñecos, y siendo el suyo un arte mudo, puede sin complicaciones pasar a otros escenarios.

Sladek creó un personaje: Kefka, como Marceau creó el suyo: Bip; o como Chaplin creó a Carlitos. Personajes que terminan por confundirse con su creador. Quizá de los 5 números que presentó la compañía durante su primer programa, el mayor éxito lo obtuvieron aquéllos que con más facilidad llegaban a la comprensión del auditorio. El hombre ama lo que comprende. Los acertijos lo dejan frío. Y es menester admitir que en este campo Sladek hacía todo lo posible para resultar claro. Hasta a veces

confundía claridad con obviedad. Cada uno de sus números tenía su historia, su anécdota, y el artista trataba de narrarla de la manera más diáfana, Por ejemplo, su primer sketch El desairado, que nos ofrecía la imagen de Pierrot enamorado y rechazado por la dama de sus ensueños, fue objeto de grandes aplausos. Pero el mayor entusiasmo despertó Kefka y el pájaro, donde Milan Sladek introducía todos los "trucos" del teatro negro, con sus posibilidades mágicas, un poco infantiles, pero que el público, con ese infantilismo que yace en el fondo del alma de todo hombre normal, recibió con auténticas ovaciones.

No sería sincera si dijera que este Teatro de Pantomimas de Colonia, me entusiasmó. Indudablemente Milán Sladek es un excelente mimo que domina todos los secretos de su arte, de este especial arte plástico, con su técnica corporal, casi de bailarín que ha de ser su propio coreógrafo. Pero nada realmente novedoso trajo su espectáculo, por lo menos en la primera representación de su programa, el 18 del presente. Kefka resulta excesivamente parecido a Bip, y hasta tuvimos el tradicional número de los cristales, la escena del prisionero de las paredes de vidrio que ya en México, todo aprendiz de mimo se cree obligado a ofrecer a su público, Sus colaboradores, también excelentes profesionales, no tuvieron más oportunidad que exhibirse en un solo cuadro colectivo: El pequeño soldado que gozó de mucha gracia con su soldadito, su bailarina y la muerte, objetos de juguete sometidos al tratamiento artístico de tales seres. Pero tampoco ello fue nada novedoso. Ya los alumnos aventajados de la. Escuela de Actuación del INBA lo realizan a menudo con mucha habilidad,

Más, el éxito que el espectáculo de Milan Sladek obtuvo en su breve visita a México, nos da una pauta de cómo añora el púbilco semejantes representaciones de teatro mudo, de cómo cada vez más aumenta el número de entusiastas de ese antiquísimo medio de expresión artística que es la pantomima, por igual que crece el interés por los títeres y las marionetas.