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no quiere decir que tema a la responsabilidad de haber sido la causa de su muerte. Cuando Garcin le pregunta si el hombre se levantó la tapa de los sesos, ella contesta: “Sí, pero eso no valía la pena. Mi marido nunca sospechó nada”.
   Garcin, el desertor. La estupidez de Garcin es de un tipo más sutil, en cambio. No considera de ninguna manera que su culpa haya sido el haber rehusado ir a la guerra. Se culpa, sí, por haber atormentado a su mujer. La estupidez de Garcin depende de una curiosa falta de coherencia entre sus ideas pacifistas y su comportamiento nada pacifista frente a su mujer. La estupidez consiste sólo en no haber hecho corresponder su pensamiento ideológico con su comportamiento conyugal –hay que tener en cuenta que atormenta a su mujer en forma deliberada.

Sartre en Coyoacán

   Sin duda nos encontramos ante tres tipos muy diversos de estupidez. Tanto Garcin como Inés, que son menos estúpidos que Estelle, sufrirán en el Infierno al ver confrontados sus casos; pero Estelle en cambio es tan rotundamente estúpida que jamás se dará cuenta de la relación.
   Habrá que examinar entonces la tendencia a la aprensión de los tres personajes. En este caso los tres coinciden. Los tres tienen una terrible tendencia –debida a su estupidez– a agrandar las cosas, a darles importancia a las nimiedades más risibles. Esto sí, finalmente, constituye un motivo de condena igual correspondiente


a crímenes iguales. Si bien se mira, el Infierno no sería efectivo si los personajes dejaran de preocuparse inútilmente por todo. Su culpa es también su condena. Su tendencia a la aprensión los torturaba ya en vida y los seguirá torturando después de la muerte.
   A pesar de todas estas conclusiones, la obra resulta terriblemente tediosa hoy en día. No puedo imaginar a quien pueda importarle ni siquiera mínimamente lo que puedan hacer o decirse tres estúpidos aprensivos encerrados en un cuarto. A mí, desde luego, no.
    Margules ha tratado de salvar la obra con una escenografía muy alucinante y un movimiento escénico de tipo expresionista en general bastante bello; pero el esfuerzo resulta casi ocioso al trabajar sobre un texto tan carente de interés.